
Pantaléón y las visitadoras
Perú-España, 2000, 142 minutos
Dirección: Francisco Lombardi
Guion: Giovanna Pollarolo, Enrique Moncloa (basado en la novela de Mario Vargas Llosa).
Fotografía: Teodoro Delgado
Música: Bingen Mendizabal
Edición: Danielle Fillios
Intérpretes: Salvador del Solar, Angie Cepeda, Mónica Sánchez, Pilar Bardem.
Ernesto Calvo
Escribía Mario Vargas Llosa en su libro de ensayos La verdad de las mentiras , que las mejores obras de ficción no son aquellas que intentan retratar de manera exacta y veraz la realidad, sino todas aquellas que, desde una desbordada e imaginativa visión, intentan iluminar los infinitos costados y conflictos de la vida y el mundo.
Ese oficio de narrar “mentiras” que se conviertan en “verdades”, es el que precisamente ha seguido de manera ejemplar Vargas Llosa, escritor de una novela “menor” en su amplia y consistente bibliografía, ahora llevada al cine: Pantaleón y las visitadoras .
Este filme está dirigido por el cineasta más re-conocido internacionalmente del Perú, Francisco Lombardi, quien antes ya había llevado una obra fundamental de aquel novelista a la pantalla, La ciudad y los perros (1985).
Lombardi también es responsable de otras importantes y polémicas películas que reflexionan, a veces de una manera cruda, amarga y descarnada, en otras ocasiones de forma lúdica aunque no exenta de dramatismo, sobre las tragedias humanas, políticas y sociales del Perú en estos últimos años: La boca del lobo (1988), Sin compasión (1986), Caídos del cielo (1991), Bajo la piel (1996), No se lo digas a nadie (1998).
En el caso de Pantaleón y las visitadoras , Lombardi se apropia con gran eficacia del sarcasmo y la parodia sin límites que propone Vargas Llosa en su libro, sobre una institución que ha sido objeto constante de sus “mentiras” novelescas: el ejército peruano.
Para ello, este filme narra un alucinante aunque muy creíble argumento: la organización de un servicio de prostitutas, para calmar los desbordados apetitos sexuales de los militares destacados en la selva peruana.
El encargado de llevar a buen término esta singular tarea es Pantaleón Pantoja: un recto, obediente y joven militar, que se ocupará de organizar todas las demandas y requerimientos de tan “patriótica” misión (según el término del general que le ofrece tan importante encargo).
Así, desde la hilarante terminología burocrática con que Pantaleón describe a sus jefes inmediatos los rotundos avances de su encomienda (donde las prostitutas son “visitadoras” y los actos sexuales son “prestaciones”, entre otros muchos términos eufemísticos), el filme desborda un humor que ridiculiza las formas tan absurdamente hipócritas en que proceden muchas de las “respetables” y fundamentales instituciones de nuestros países.
Con una ligera aunque vistosa puesta en escena, en plena selva peruana, así como un elenco actoral donde resalta un eficiente Salvador del Solar caracterizando a Pantaleón Pantoja, y una voluptuosa y sensual Angie Cepeda, de indudable gancho comercial; este filme de Lombardi quizás simplifica, tras su humor desparpajado, la mayor complejidad y profundidad de los personajes y las reflexiones que nos propone Vargas Llosa en su novela.
Sin embargo, Pantaleón y las visitadoras cumple con su “misión” principal de convencernos que las verdaderas heroínas, las indudables patriotas son esas mujeres anónimas que, día a día y hora tras hora, prestan sus esforzados y eficientes servicios, con verdadera responsabilidad y sentido del deber para con el ejército y la patria.