La telaraña ( Along Came a Spider ).Dirección: Lee Tamahori. Guión: Marc Moss. Fotografía: Matthew F. Leonetti. Música: Jerry Goldsmith. Con Morgan Freeman, Monica Potter, Michael Wincott, Mika Boorem, Penelope Ann Miller, Michael Moriarty.
Estadounidense, 2001. Estreno.
Alex Cross (el actor Morgan Freeman) dedica horas, días y meses a ensamblar las piezas de un barco de juguete. Su mente, un rincón de ella, purga mientras tanto la falta. Por su culpa (así lo ve Cross), una compañera policía está muerta.
No solo eso. Dicha muerte pertenece a un mundo que es el suyo, un infierno metropolitano que genera las más sofisticadas formas de ruindad.
Nuestro detective, ducho en asesinos exquisitos, deberá volver a la acción. Gary Soneji (Michael Wincott) acaba de secuestrar a la hija de un senador y propone a la sociedad y a Cross, su antagonista estrella un acertijo, una pulseada, un juego de ingenio.
Me llamó la atención que el malo estuviera identificado desde el vamos. No se trata, pues, de un whodenit (¿quién lo hizo); las preguntas, en realidad, son: ¿por qué lo hizo?, ¿con qué fines?
Pero, y aquí radica el mayor mérito de La telaraña , el enigma (inexistente a la hora del planteo) surge después y cambia la percepción de todo. Borges, en su poema El ajedrez , enuncia: Dios mueve al jugador, y este la pieza. / ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza, / de polvo y tiempo y sueño y agonías?
Detrás, palabra clave. Existe una red, el dibujo de una araña. Alex Cross admira a la araña. Tiene razón: este creativo artrópodo saca las cosas de sí mismo, idea el laberinto dentro del cual se mueve.
De allí que el ojo inquisitivo y la rapidez cerebral sean dos armas supremas, por encima de pistolas y ametralladoras. Las cosas se deciden en el interior de la caja craneana.
Morgan Freeman cubre con su autoridad la pantalla, acompañado de Monica Potter, clonación de Julia Roberts (de la pretérita Julia de Mujeres de acero ).
Uno sigue la película con atenta reflexividad, pese a los baches del guión (¿qué sentido tenía el episodio del niño Dimitri, mal introducido y en seguida olvidado?).
La fotografía sórdida y devanada de Matthew F. Leonetti y la música puntualísima de Jerry Goldsmith nos traen el recuerdo de Los siete pecados capitales y Besos que matan (inicio de la saga de Alex Cross).
Cine cruel, La telaraña muestra ciertos mecanismos de la excéntrica sicología criminal; y nos dice, además, cómo esta puede ser aprovechada por los malvados de siempre.
Un giro nuevo.