Chicas de calendario (Calendar Girls) Reino Unido, 2003. Dirección: Nigel Cole. Guion: Tim Firth, Juliette Towhidi. Montaje: Michael Parker. Fotografía: Ashley Rowe. Música: Patrick Doyle. Elenco: Helen Mirren, Julie Walters, Linda Bassett. Duración: 108 minutos
Un día, en un flemático pueblo inglés, un grupo de mujeres dispone darle un giro a la vida. Ellas deciden posar desnudas para un calendario. Una por mes, juntas en diciembre. Así aparecerán mientras cosen, tejen, bordan, siembran o cocinan.
La idea es recoger fondos para el hospital local, para combatir la leucemia. Todo parece normal: ¡cuántos desnudos almanaqueros no hay! Solo que, esta vez, ¡la menor de las chicas tiene 55 años!
Esta es la trama de una ingeniosa y cálida película: Chicas de calendario, segundo filme del director británico Nigel Cole. La cinta se basa en un hecho real: el almanaque se publicó en el 2000 y generó reacciones de todo tipo.
Al filme le interesa contar la historia, pero también echar ojo al grano. Por ejemplo, lo que eso significó en las chicas cincuentonas, fueran viudas, casadas, engañadas por el marido o solteronas. Lo que eso significó en la comunidad masculina de Rylstone (el pueblo), en los clubes femeninos y en las parejas.
El director Nigel Cole le enchufa simpatía y cariño a la película, lo logra con tonalidades agridulces y con imágenes de autenticidad. Hay ternura, hay refulgencia, hay convicción sobre la generosidad de la mujer y de su real capacidad para el atrevimiento.¡Ajá!
Ya Nigel Cole había generado emociones semejantes en su primera cinta: El jardín de la alegría (2000), filme de humor adictivo con una atrevida mujer sesentona que, para sobrevivir, se mete a la siembra, goce y negocio de la mariguana.
Allí, como en Chicas de calendario, surge un retrato sobre lo femenino: alegrías, tristezas, decepciones, amores, miedos, candideces y un fino humor del que ricamente nos contagiamos los espectadores.
Por eso, ahora, nos alegra ver que hay mujeres que, a su edad, le usurpan espacios reservados a las tipas curvilíneas y a todo dar, y lo hacen con más generosidad en sus desnudos. El descaro creativo y la deshibición de estas cincuentonas dan energía a esta película de cuerpos otoñales.
Es posible que Chicas de calendario, como sucedió con Full Monty (1996, de Peter Cataneo), vaya a convertirse en muestra emblemática de un tipo de buen cine, a la vez que reinventa la solidaridad y el encanto por la vida, ¡desde las mujeres!
Eso sí: este filme no sería lo que es sin el concurso de dos admirables actrices: Helen Mirren y Julie Walters. Con ellas, sentimos que los últimos días de una flor pueden ser los más bellos, al igual que los últimos años de una persona.
No dudamos en recomedar esta película. Chicas de calendario es capaz de llenarnos de optimismo en las transgresiones, mientras ahonda en el valor de la dignidad y de la autoestima.
Y no solo por eso la recomendamos, porque también es película artística: muy bien diseñada, estructurada y resuelta, con diálogos inteligentes y visualmente poética. ¡Que la disfruten!