Cocodrilo Dundee en Hollywood(Crocodile Dundee in Hollywood). Dirección: Simon Wincer. Guión: Matthew Berry y Eric Abrams. Fotografía: David Burr. Música: Basil Poledouris. Con Paul Hogan, Linda Kozlowski, Jere Burns, Jonathan Banks, Alec Wilson. Coproducción Australia - USA, 2001. Estreno.
¿Qué viene a buscar, después de trece años, Cocodrilo Dundee a la pantalla? La respuesta es...¡nada!
Aquel héroe que filmó dos veces (1986, 1988) está hoy fuera de época y de cinta; y los paradigmas que busca revivir (Tarzán: costado salvaje; James Bond: costado autosuficiente, sobrador), denotan igual que a la hora de un divorcio incompatibilidad de caracteres.
Demasiado civilizado para el contraste campo-ciudad, demasiado cimarrón para ganarle de mano a los angelinos, el actor australiano Paul Hogan no halla su papel a lo largo de toda la película.
Sí: él acompaña a su mujer a Los Ángeles, y allí tiene que ver con el caso de una compañía de cine de dudosos manejos. Pero la trama, en realidad, no interesa a nadie. Ni al protagonista, que contagia su hipotensión a la platea. De ahí que el déficit emocional y de energía sea tan marcado. Al punto de que la única sorpresa y grata, les digo es la breve actuación de Mike Tyson, dotada de una comunicativa sinceridad.
Vuelvo al argumento (una manera de hablar, ¿no?). La compañía cinematográfica que les dije, pues, financia generosamente una misma saga infame y poco rentable. ¿Dónde radica el negocio?
Muy sencillo: los metrajes rodados en Hollywood y la región de Europa excomunista sirven de vitrina de un jugoso contrabando de obras pictóricas.
El viejo cuento, narrado por Dundee, del hombre que trasiega carretas de basura de un lugar a otro de la frontera y cuya carga sale airosa de cualquier inspección porque el sujeto trafica carretas, me hizo pensar que Cocodrilo Dundee en Hollywood podría ser también un producto-mampara; y que existen designios extraños detrás de su mundial circulación.
Pero no, ¿qué estoy diciendo? La verdad, la verdad, quizá todo responde a una forma subterránea de ironía, aunque mágica y casual. A veces, amigo, ciertas películas logran burlarse de quienes las hacen. Llámele justicia chocarrera, si desea.