
Hay un cine que se hace en serie, con la mirada puesta en las boleterías, que siempre encuentra el mejor eco en los mercadotécnicos de las empresas distribuidoras.
Hay otro cine que se hace en serio y no en serie: se trata d el cine como arte, con criterio de autor, que encuentra acústica en las salas de repertorio, que los críticos elogiamos como cine intuitivo, penetrante y conceptual para público sagaz.
En este segundo grupo debemos colocar una extraordinaria cinta que nos llega con retraso, como lo es La vida soñada de los ángeles (1998), primer filme del realizador Érick Zonca, quien dijo entonces: "Con esta película quiero transmitir ante todo una emoción, no pretendo formular verdades acerca del mundo o de la sociedad, no tengo una visión documental en absoluto; lo que me gusta son los encuentros con los seres humanos".
Ese es el meollo de la trama del filme, su expresión significativa y su validez como tal. Para esto, el argumento se apodera de dos muchachas distintas entre sí, que van al encuentro de la vida desde sus propias carencias económicas y afectivas. Con 20 años cada una, Isa y Marie establecen una profunda amistad entre ellas.
Viven con sus mochilas a mano y, por el momento, cuidan la casa desocupada de una familia que ha sufrido un accidente, al que sobrevive la hija en estado de coma en un hospital. Isa es optimista, a pesar del desastre de vida que la propia vida receta a los marginados y desprotegidos socialmente. En cambio, Marie es sensible, pero esquiva, y termina por sufrir el atropello sentimental por parte de un hombre, en el ejercicio del cinismo brutal con el morbo del macho.
Ellas viven una ilusión arrinconada, como los personajes de Truffaut o de Buñuel en cintas como Los cuatrocientos golpes, del primero, o Los olvidados, del segundo. Marie e Isa son vistos con distancia amorosa por el autor del filme Érick Zonca, quien cuenta con el talentoso apoyo de las actrices Natacha Régnier (Marie) y Élodie Bouchez (Isa), ganadoras en Cannes y de los Premios del Cine Europeo por sus trabajos en este largometraje.
La vida soñada de los ángeles es filme lleno de matices, inolvidable cuando Isa visita el hospital para acercarse a la muchacha en estado comatoso. Tiene momentos tan duros como redoble de tambor y otros tan poéticos como el verso que la Naturaleza necesita para retomar energías. La película se expresa como testimonio en favor del prójimo, reto en una sociedad tortuosa por egoísta, como la nuestra.
Para eso, el director no duda del empleo de la cámara en mano, con manejo sabio, y ofrece una textura visual que ahonda la propuesta temática, con imágenes íntimas no solo en la sexualidad de los personajes, sino que siempre intrínsecas. Sí, son pinceladas con la cámara capaces de profundizar en el alma humana, para mostrar que los rebeldes también tienen ángel, para morir o para seguir viviendo.
Como escribió alguien: La vida soñada de los ángeles es película hecha con el vigor de su joven director, pero con la sabiduría de los viejos maestros. No se la pierdan, está en la Sala Garbo.