
El género del Oeste, el de vaqueros, es aquel donde se conjugan el mito y la historia, el intimismo y la epopeya, el paisaje y la aventura, la venganza y el amor. El Oeste como género tiene su poética, aunque sea en comedias.
Una buena película de vaqueros no debe perder nunca la coherencia de su propio lenguaje: hasta el paisaje y lo escenográfico son parte del tono y de la esencia del género (el contexto es parte del texto).
Decía el cineasta André Bazin: "El Oeste ha nacido del encuentro de una mitología con un medio de expresión". Precisamente, la película franco-mejicana Bandidas (2006) no tiene entidad, presencia ni estructura orgánica que la haga valer como buena cinta del Oeste, y si la pensamos como comedia, los resultados son peores. Como en el cine los vaqueros han venido a menos en su masculinidad, ahora nos dan una aventura con vaqueras (protofeminismo, ¿o no?).
Allí entran las actrices Penélope Cruz (española) y Salma Hayek (mejicana), irregulares con sus trabajos, pero en Bandidas ninguna de las dos actúa bien. No hay que culparlas, porque la película es un arroz con mango, con personajes mal boceteados, tanto que parecen títeres sin hilos. Todo en el filme pretende ser juguetón, pero la trama no pasa de ser una parodia que se muerde la cola a sí misma.
Estamos ante una película más desordenada que un viaje en el arca de Noé, con los animales adentro, y si se disparan tiros, uno no sabe hacia dónde van. Este filme tiene dos directores (¡dos!), y ambos noruegos, con guion original del francés Luc Besson y del estadounidense Robert Mark. ¡Saquen cuentas!
Los personajes son mejicanos, la mayoría, otros son unos gringos que llegan a robar dinero y tierras a esos mejicanos: predecible tinte ideológico que tiene poco de mentira, pero es mostrado de manera burda y esquemática. Lo peor es el lío de hablar todos en inglés ahora y en español después.
La música de Eric Serra es alboroto de melodías sin ton ni son, música bullista. Es parte de la charanga narrativa. Dice el crítico mejicano Pablo del Moral que lo mejor del filme es cuando un caballo, montado Hayek, sube unas escaleras hasta un techo. Cierto. Lo único controlado en esta mala película es un bendito caballo subiendo gradas. Ese caballo es lo único inteligente en este fracaso vaquero.