Con su instinto parasitario, el cine no podía dejar de lado el éxito de la novela Cometas en el cielo , escrita por Khaled Hosseini. Con igual título, estos “cometas” arriban ahora a la pantalla grande (2007).
Desde que David Benioff escribía el guion correspondiente, el director Marc Forster decidió que la película se rodaría en dari, una de las dos principales lenguas habladas en Afganistán.
Si nos atenemos a los resultados, luego de ver el filme, está claro que Marc Forster también decidió convertir un drama intenso sobre la amistad en culebrón telenovelero, en medio de la trágica situación vivida por el pueblo afgano.
Así, tenemos una película que tan solo produce resultados sensibleros sin ir adentro de la trama, y que manipula de manera inconsistente la realidad política afgana, con el más avieso maniqueísmo en el retrato tanto de los rusos como de los talibanes.
Con el paradigma de que la felicidad se encuentra en Estados Unidos, lo que igual podríamos entender como justificación de la invasión estadounidense a Afganistán, conocemos la historia de dos niños. Ellos son Amir y Hassan (excelentes actuaciones de Zekiria Ebrahimi y Ahmad Khan Mahmoodzada), quienes están a punto de separarse para siempre.
Al principio, al retratar la amistad de dichos niños, el filme tiene momentos inolvidables, como las competencias afganas de papalotes, logradas con buen pulso cinematográfico. Cuando uno de los niños traiciona al otro y debe marcharse a Estados Unidos con su padre, la trama se despeña por una morosa exacerbación de los sentimientos, lo más sentimental de ellos, en detrimento de la propia fluidez del relato y de la creación de una atmósfera oportuna.
En este momento, los propios diálogos pierden inteligencia y, en lugar de los niños, las actuaciones adultas son bien flojitas y se acaba la creatividad en la dirección de la película. Filme desaprovechado.