
Uno puede afirmar que Bruce Willis es buen actor en el thriller . Trabaja bien en cada filme de acción, pero en todos actúa de manera similar, sobre todo si se trata de policías ante una situación límite. ¿Qué sucede ahora con la cinta Bajo amenaza (2004), dirigida por el francés Florent Siri?
Digámoslo de una vez: si algo bueno hay en esta película es, precisamente, el trabajo del director, quien ya había hecho cine de acción en su país, con buen manejo de la sensibilidad del héroe. Gracias a esto último, se nota una actuación menos rígida de Bruce Willis, quien esta vez se permite sus minutos melodramáticos, con eficacia sentimental.
Lo cierto es que Willis se echa sobre sus hombros el desarrollo de la película. Su personaje es la película. Se trata de un policía perseguido por el destino, como si habláramos de una tragedia clásica. Ese policía se llama Jeff Talley, quien es un negociador experto en casos de secuestro. Una decisión suya, en Los Ángeles, provoca el desenlace menos deseado en un rapto.
Por eso, entre la aspereza emocional y algún reiterado sentimiento de culpa, Talley se retira a un poblado en el condado de Ventura, donde se convierte en jefe de policía, aún contra el deseo de su familia. Cuando menos lo espera, Talley debe enfrentar allí mismo un extraño caso de secuestro, en apariencia manejable.
Es cuando él debe plantarse a sí mismo y a sus temores convertidos en demonios. El delito lo ejecuta un trío juvenil de poca monta, por lo menos eso parece. La víctima es una familia que, descubrimos luego, no es cualquiera. Todo se complica: aparece un asesino en serie y se asoma la mafia, ¿conectada con el FBI?, porque dentro de la casa hay archivos secretos que no deben caer en manos de nadie.
El filme se basa en una novela de Robert Crais, autor de suspenso, y la cinta nos atrapa con su versión. Además, resulta lógica y creíble con su cadena incesante y febril de acontecimientos, que sirven para engrosar la tensión.
Los personajes nunca pierden su diseño cuando los sucesos se aceleran y se complican.
En el centro de la vorágine está Talley, como si fuera ese Atlas que sostiene el mundo narrado, como si fuera el creador que da coherencia interna a los acontecimientos. Aquí es donde vale la actuación de Bruce Willis. La película ofrece tensión aguda, para ponernos a apretar dentaduras, y resulta más que entretenida, porque tiene convicción. En tanto, la fotografía y la música enriquecen a cada momento el suspenso (sobre todo, la música). Por eso, nuestra calificación le es favorable.