Frecuencia mortal (Joy Ride 2001/ I). Dirección: John Dahl. Guión: Clay Tarver y Jeffrey Abrams. Fotografía: Jeff Jur. Música: Marco Beltrami y Buck Sanders. Con Paul Walker, Steve Zahn, Leelee Sobieski, Jessica Bowman, Stuart Stone.
Estadounidense, 2001. Estreno.
Asustar al prójimo es una cosa. Querer asustarlo, otra. Frecuencia mortal incurre en lo último; y uno advierte dichas intenciones.
Todo gira alrededor de una broma que Lewis (Paul Walker) y Fuller (Steve Zahn) le gastan a un desconocido a través de una radio de onda corta. La víctima del chiste, Clavo Oxidado, es un sicópata fuera de serie (la voz que oímos pertenece a Ted Levine, el mismo actor de El silencio de los inocentes).
Ahora bien, la venganza de Clavo Oxidado es tan inmisericorde y desmedida que uno empieza a pensar que John Dahl (Mátame otra vez, 1989; Última seducción, 1994) quiere enviarnos un mensaje de escarmiento a escala planetaria. Algo así como "nunca hagas bromas en ninguna carretera de ningún país".
Y conste que veo el tema por el lado amable, dado que la oposición de Mal (mayúsculas) contra mal (minúsculas) luce aquí tan desproporcionada que no logra ocultar un sadismo ventajero y machacón.
Los chicos (Lewis y Fuller), a quienes se agrega Venna (Leelee Sobieski), sufren a mares en su viaje Colorado-Nueva Jersey,
gambeteando a un camión venido de otro mundo: invencible y omnisciente, a prueba de jóvenes imberbes y torvos policías regionales.
El camión que les gana a todos parece sacado de un relato de Stephen King (¿recuerdan ustedes Christine y aquel vehículo que tomaba decisiones propias y fantásticas?).
Les aviso, no obstante, que cualquier similitud de Frecuencia con algo serio se debe a un error óptico. El hecho de que la maldad prevalezca y continúe después de la palabra fin obedece al motivo superior de que los productores ya tienen lista una secuela.
¿Sabía usted que la película se titula originalmente Joy Ride (2001/ I)? Pues sí; y yo estoy ansioso de que exhiban pronto la segunda parte.
Para no ir.