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La definición coloquial existente sobre la palabra “huevos” (testículos) da para el doble sentido. Esto lo sabe aprovechar el filme Una película de huevos (2006), que ahora llega a los cines como prolongación narrativa de los conocidos personajes de una página en Internet.
Así es, este filme se basa en los personajes de Huevo Cartoon y se les coloca en una aventura fiestera, melodramática y humorosa, con un largometraje que, por momentos, sabe comportarse a la altura de un buen animado e igual se cae cuando uno menos lo espera.
Podemos decir, entonces, que la irregularidad es lo único regular en esta aventura huevera. A la larga, tienen razón quienes afirman que los huevos debieron haberse quedado donde estaban, en la “web”, como especie de gags (efectos cómicos), sin meterlos en una narración cinematográfica.
En todo caso, aquí están, con la historia de Toto, el huevo recién puesto que no quiere convertirse en torta a la española ni en huevo picado, ni tampoco convertirse en huevo duro para deleite de los intestinos humanos. Por eso huye. Es su odisea a algún lugar donde pueda convertirse en pollo galano.
Nuestro amigo Toto sabe que encontrará una granja donde habrá una Penélope que teje y desteje por su llegada, y esta no será otra que su madre, valerosa gallina.
En su fuga, Toto tendrá aliados, al igual que el Odiseo de los poemas de Homero. También tendrá muchas aventuras, unas de ellas agradables y otras pudieron ser ignoradas: el filme habría mejorado.
También habrá antagonistas constantes, funciones o situaciones que levantan de pronto el ánimo de la película.
También hay celadas y engañifas para armar el desarrollo del relato. Un estructuralista como el ruso Vladimir Propp se habría dado gusto analizando este filme a partir de sus propias categorías, planteadas en su obra Morfología del cuento (1928).
El problema es que cada una de las funciones narrativas de este largometraje no logran mantener la unidad de tensión del relato.
Los propios dibujos decaen por ratos. El filme solo busca divertir, pero no siempre lo logra. Todo se centra en Toto, nuestro Odiseo, especie de Moisés tras la tierra prometida. Sin embargo, los personajes que están mejor diseñados son unas extraordinarias ratas de alcantarilla, con ellas tenemos el humor más picante.
El resultado de esta cinta es igual al de un huevo cocido a medias, con cáscaras en su cocimiento narrativo, pero con moraleja aceptable sobre la amistad y la sinceridad. Al final, es de suponerlo, el huevo se convierte en pollo. No sabemos si sobrevivirá como tal, porque los humanos no solo gustamos de los huevos, sino también de los pollos al pastor.