
El cine gusta del tema del crecimiento individual, a puro esfuerzo de cada quien, lo cual es solo una especulación del pragmatismo como observancia ideológica liberal.
No es tan cierto, por lo que otras películas enfocan ese mismo rollo, pero preservan la idea de que los sujetos crecen con la ayuda oportuna de otros, o sea, el personaje como sujeto social.
Dentro de esta segunda opción está la película estrenada esta semana con el título de Bailando por una pasión (2006), dirigida por la conocida coreógrafa Anne Fletcher, en lo que resulta su primer largometraje como realizadora.
Muchas veces, estas historias se basan en hechos reales y giran sobre algún deporte o arte, en especial la danza, como es en este caso. Lo demás es tildar el relato con algún romance, para el público joven, y poner obstáculos continuos en la carrera del personaje, con un final feliz. La fórmula funciona.
En medio de eso tenemos, casi siempre, secuencias de juegos de baloncesto, de bailes, de patinajes o del entorno en que se desarrolla la vida del personaje. Como ven, no hay que sudarse la chaqueta para diseñar, plantear y narrar historias por el estilo. Así sucede con Bailando por una pasión , cuyo título en inglés es Step-Up .
Esta vez, el argumento no se basa en una historia verdadera, por lo que el libreto maneja más fácilmente la relación entre un joven venido de una barriada marginal y pobre, quien vive cerca del delito, con una muchacha más acomodada que estudia danza en la destacada Escuela de Artes de Maryland.
La actuación de Channing Tatum como el joven rebelde es buena y digna de atención, casi nos recuerda los primeros pasos de James Dean. No es tan buena la de la bailarina Jenna Dewan como Nora, la muchacha. Está claro que Jenna Dewan es bailarina, y como tal es seductora con las filigranas de su cuerpo en vibraciones de música. No es actriz, pero cumple.
Entre la danza formal, incluido el ballet, y el talento “break dancer”, el filme corre de manera entretenida con su argumento; pero cuando los cuerpos giran, saltan, se acompañan, resbalan, danzan, la película se impulsa de manera creativa, no en vano su directora es coreógrafa.
Por eso, se trata de una cinta con bailarines como actores, y no al revés. Cuando estos danzan, uno desea más y más secuencias con coreografías. Lástima que la película no las ofrezca en más cantidad, ¡hubiera sido tan refrescante!, porque cuando se va por la onda de los romances o de la denuncia social, ya no tiene la misma fuerza.
No podemos dejar de reseñar la elegante actuación de Rachel Griffiths como directora de la Maryland School of the Arts. Garbo. Presencia. Dominio de la sutileza histriónica. Tal vez ustedes la recuerden de la serie de HBO: Six Feet Ander . Ella es razón adulta para ir a ver esta película. Lo demás es de los jóvenes.