Para quienes han dicho que solo el islamismo y el catolicismo, entre las religiones grandes, son patriarcales e intrínsicamente machistas, he aquí que la película india Samsara (2001), del director indio Pan Nalin, viene a mostrarnos (entre otros subtemas inquietantes) que también el mundo de los lamas del budismo padece de esos síntomas ancestrales.
La trama es valiosa y está pulcramente narrada, con acertada definición de personajes y una planificación visual que va del primer plano acucioso a la panorámica apabullante, con maestría que recuerda los clásicos Oestes del genial John Ford. De alguna manera, estamos un filme "fordiano".
Es la historia de Tashi, en la comunidad budista de Ladakh (India), conocida como Tierra de la Luna, y su proceso de purificación espiritual, con un trance voluntario en cierto lugar del Himalaya. De regreso al monasterio, mientras recupera sus fuerzas, comienza a sentir el ímpetu erótico: la vida sexual lo llama a los 20 años y produce dilemas en él y en quienes lo rodean.
Un monje lo guía al conocimiento del erotismo. Tashi debe ir a una villa cercana donde conoce a una bellísima aldeana llamada Pema. Es el cuestionamiento de los valores de la vida monacal.
Aquí se da un punto de giro: el filme, poco a poco, deja de ser la vida de Tashi para ser la personalidad de Pema, quien cree que cualquier experiencia de la vida lleva al "Camino".
Pema muestra que no solo el nirvana es un estado de iluminación y que no solo el samsara es lo insustancial; todo lo contrario: hay una relación dialéctica entre ambos estados, como lo dicen algunas escuelas del budismo. Aquí, el filme sugiere que el nirvana es solo un refugio masculino para huir de los compromisos reales de la vida, así sea el propio y venerado Siddartha quien haya dado ese paso.
Al contrario: ¿quién recuerda a Yasodhara, la compañera de Siddartha, madre del hijo de este, quien tuvo que asumir las responsabilidades abandonadas por un hombre que "encontró la pureza"? ¿No es esto irresponsabilidad masculina? ¿No es válido para Buda y para cualquier mesías religioso? ¿Por qué estos llaman a los hombres al abandono de sus familias para que, luego, la religión seguidora, hable del valor de la familia?
Es cuando el filme asume su integridad humana: con la fuerza visual, sensual, física y espiritual de Pema: mujer, esposa, madre, otra vez y siempre mujer. Es la honradez temática del filme servida con extraordinarias actuaciones, música oportuna y fotografía imponente. Película imprescindible: es urgente recomendarla.