
He aquí una película inglesa que logra meternos en los pliegues de la incertidumbre, al adentrarnos en la trama de una situación futura, mientras interroga sobre qué será de la humanidad a partir de la investigación eugenésica. Se trata de Código 46, dirigida por el británico Michael Winterbottom. Es su película número 13.
Esta es una buena oportunidad para comparar cómo un director que se toma el cine más en serio y menos en serie, tal el caso de Winterbottom, puede inquietarnos con un tema que, en manos del estadounidense Michael Bay y su filme La isla (en cartelera), no es más que alboroto de imágenes y relato superficial. La diferencia está clara: por eso a La isla le pusimos un 4 de calificación y, a Código 46, le damos un 8.
El guion de Código 46 es de Frank Cottrell Boyce, cuya trama le vino luego de pensar un clásico del cine, del director David Lean, como lo es Brief Encounter (1945). Con esa idea, puso en el futuro un relato de amor, cuando la sociedad ha resuelto la práctica de la eugenesia (perfeccionamiento de la especie humana por medio de manipulación biológica).
En el filme, la raza humana ha alcanzado niveles de pureza tal que, obviamente, hay códigos para proteger esa "limpieza" genética. Por ejemplo: las leyes prohíben que personas con ADN incompatibles vivan juntos y tengan hijos. La sociedad ha logrado borrar recuerdos y sentimientos del cerebro humano.
En la gran ciudad del futuro vive la humanidad civilizada y pura. Quienes rompen los códigos están afuera, exiliados, discriminados, en zonas desérticas, miserables, caóticas y sin leyes protectoras de la condición humana. Se trata, pues, de clases sociales en pugna.
En ese medio se da la presencia del amor entre William y María, solo que esta última tiene la misma estructura genética de la madre del primero, especie de clon. Es un romance prohibido ante el cual la sociedad se defiende de manera absoluta, mientras pone "virus" en la anatomía de los personajes. La película va pronto hacia el dilema, por lo que exige mucha atención de nuestra parte.
Así, se llega al cuestionamiento de qué es lo "normal" y lo "anormal" en la conducta, manera de explorar en la naturaleza humana, ruta para analizar las relaciones de los humanos entre sí y con su entorno. La película resulta intelectualmente estimulante, muy bien narrada (sin "facilismos" para el espectador) y con actuaciones magníficas de Tim Robbins y de Samantha Morton. La ciencia-ficción comporta, aquí, un texto transgresor, por lo que el filme es elocuente con su intriga. Lo recomendamos.