
En algo estamos de acuerdo: el director alemán Roland Emmerich, ni por asomo, hace cine de acción como Steven Spielberg. Este segundo logra deleitar con habilidad, mientras es propositivo (conceptual) con el entretenimiento.
Roland Emmerich logra entretener, nada más. Es como leer a Emilio Salgari y no a Julio Verne o H.G. Wells. Dentro de esa su línea acostumbrada, debemos incluir el más reciente filme de Emmerich, en cartelera, que nos llega con el título de 10.000 A. C. (2008).
Cine como pasatiempo. De eso se trata y así funciona. Roland Emmerich ya nos dio una aventura apocalíptica con El día después de mañana (2004), ¿por qué no otra que suceda el día antes de ayer? El tiempo es lo de menos.
En 10.000 A. C. , Emmerich (coguionista, además) no se preocupa por conceptos acerca de la creación o evolución de le especie humana, sobre las distintas conformaciones físicas de dicho género o linaje, no hay estudios antropológicos o históricos ni propuestas culturales. Nada para lo académico, todo es esparcimiento.
Para eso sirven los efectos especiales, tan buenos en el pelaje de cada mamut, tan malos en el tigre con dientes de sable y apenas funcionales con los gigantes avestruces carnívoros (¿son avestruces?).
La acción vale por sí sola. Tenemos un buen comienzo de la trama. Luego, hay un largo vacío dramático y narrativo porque la historia se empantana. Finalmente, un cierre grandilocuente, animado y expectante. ¡Funciona como un parque de diversiones! No está mal.
Las actuaciones son apenas cumplidoras; tal vez actúan mejor los mamuts peludos que los hombres mechudos. Actúa bien la mujer bella de ojos verdes, con ropaje prehistórico y rostro de pasarela (Camilla Belle como Evolet, mujer raptada por una tribu esclavista, a quien van a liberar los héroes prehistóricos, ¡que los hubo!).
Las secuencias de acción están bien moduladas, para hacer digerible y recomendable este filme, ¡sin coartadas intelectuales!