"Antropoesía". Exposición de pinturas de Mario Maffioli. Auditorio Manuel Jiménez Borbón de La Nación
En la trayectoria de Mario Maffioli podemos encontrar dos temas formales de características totalmente opuestas. Por un lado, las rigurosidades de la geometría y del logotipo escueto de bordes duros; y por el otro, el esponjado espacio de la mancha, la pincelada y el color suelto. Esta dicotomía genera la tensión estilística que emana de ciertas telas elaboradas de manera ecléctica.
De allí resulta que la suya sea una abstracción comprometida con las antípodas, una propuesta destinada a conciliar formalismos que pocas veces conviven en una obra. Así nos lo hizo saber en sus telas de Macrocromos. Allí compuso una sinfonía contrapuntística de hilos sinuosos sobre manchas ritmadas sistemáticamente en fondo blanco. Sobre el total planeaban negros signos letrísticos, barras, postes y lunas que cumplían con pespuntar el espacio de densidades y puntos.
Si Macrocromos fue un alarde de dimensión y una cúspide en su trayectoria, la muestra de La Nación se nos da como una vacación luego de un gran esfuerzo, una temporada en el universo impredecible y lúdico de la investigación por sí misma, al juego de las fascinantes pesquisas con materiales industriales.
Entremos en materia. En los pequeños formatos sobre "cuerina" volvemos a encontrar la mancha y la geometría en concubinato efímero; sus espirales y pirámides conviven en las texturas frotadas con pigmento sobre el soporte estampado. Es un juego alegre, algo sobredimensionado, que se desarrolla sin problemas mayores, pero tampoco sin logros deslumbrantes. Son datos de una pesquisa no finalizada.
En las cortinas de baño pintadas con improntas de cuerpos, las insinuaciones de transparencia y presencia humana desvanecida, logran por su espontaneidad y por lo tenue de la materia cromática un efecto ingrávido, aumentado por lo gracioso de la ocurrencia.
Sin embargo, el conjunto es bastante irregular: algunas piezas solo boceteadas; otras sí llegan a la plenitud del recurso empleado.
Lo que vimos es una obra más centrada en la especulación y los conflictos estilísticos que en la expresión y la poesía, una postura más afín al teorema que al poema.
En fin, son los aires del tiempo, esa rebeldía hacia las técnicas tradicionales y el afán desesperado por la síntesis que se escapa como la piedra filosofal.