En un acto lleno de colorido, majestuosidad y un sol radiante, la infanta Cristina de Borbón y Grecia, segunda hija de los Reyes de España, contrajo ayer matrimonio, en la catedral de Barcelona, con Iñaki Urdangarín Liebaert, jugador internacional de balonmano.
Empleando la fórmula más breve que establece la Iglesia Católica para la celebración del matrimonio, Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarín pronunciaron el tradicional "sí, quiero", con voz suave pero firme.

Antes de dar el sí, cuando ya lo había hecho Urdangarín, la Infanta solicitó el consentimiento de su padre, el rey Juan Carlos de Borbón, requisito necesario por su derecho al trono español.
Durante toda la ceremonia, la infanta se mostró relajada y natural, al igual que Iñaki. La boda fue oficiada por el arzobispo de Barcelona, Ricard María Carles, quien dedicó elogios a la pareja por su sencillez y su integración en la sociedad.
"El hecho de que libremente hayáis llegado a esta situación de no retorno en el amor es, además de una muestra de la gracia de Dios, la mejor garantía de vuestra felicidad", dijo el arzobispo.
La interpretación de la Misa de Coronación, de Mozart, y de obras de Schubert, Cols, Madina, Wagner y Bach, constituyó el solemne marco musical.
El oficiante leyó un mensaje con el que el papa Juan Pablo II enviaba a los contrayentes una "especial" bendición apostólica.
En la espectacular catedral barcelonesa estaban concentrados los representantes de cuarenta casas reales, reinantes y no reinantes, el Gobierno y representantes de los poderes legislativo y judicial de España, el cuerpo diplomático acreditado en el país, representantes de la sociedad civil y amigos y familiares de los contrayentes.
El pueblo de Barcelona dio una calurosa respuesta al paso de los novios por las calles de esta ciudad, escogida como sede del futuro hogar de los Duques de Palma de Mallorca.
A través de la ciudad, las vidrieras de las tiendas mostraban expresiones de felicitación a la pareja en catalán, español y vasco, esto último como gesto de deferencia a los orígenes del novio.
Flores a la Virgen
Después de la ceremonia, Cristina e Iñaki se desplazaron en coche descubierto a la basílica de Nuestra Señora de la Mercé, patrona de Barcelona, donde la infanta ofreció su ramo de flores a la Virgen.
A su salida de la basílica, los dos esposos, sonrientes y relajados, asistieron a la formación de dos pirámides humanas o "colles de castellers", espectáculo tradicional en todas las fiestas populares.
En el exterior de la catedral y en todo el recorrido del cortejo nupcial se desplegó un aparatoso dispositivo de seguridad, formado por más de 4.500 agentes, para evitar sobresaltos, los cuales no faltaron.
En el Palacio de Pedralbes los recibió un "dantzari" vasco, que actuó para los novios, antes de un banquete ofrecido a 1.500 invitados, que terminó con el tradicional vals bailado por los novios.
Tras la fiesta, la Infanta y su esposo partieron hacia un destino que se mantiene en secreto.
Libreta de apuntes
Nunca faltan en los grandes acontecimientos esos "pequeños grandes detalles". La boda de la infanta Cristina con Iñaki no fue la excepción:
- Uno de los testigos de la boda real, el jugador de balonmano Fernando Barreito, compañero de equipo de Urdangarín, se desmayó durante la ceremonia debido al calor y la emoción.Barreito se desplomó estrepitosamente durante la misa en el interior de la catedral, donde el calor era asfixiante.
- La mujer del expresidente del gobierno español Leopoldo Calvo Sotelo sufrió también una indisposición provocada por el calor y tuvo que abandonar la catedral. Los focos utilizados para la retransmisión televisiva hicieron aumentar la temperatura.
- La Infanta Cristina se quedó ayer con un detalle romántico del día de su boda: antes de ofrecer su ramo a la Virgen de la Mercé cortó una de las flores, que Urdangarín guardó solícitamente en el bolsillo de su chaqué.
- Una de las pocas ocasiones en que traslucieron los nervios en la ceremonia, fue cuando se cayeron de la bandeja algunas de las arras de oro que iba a entregar a la Infanta, lo que obligó a Iñaki Urdangarín y al cardenal Ricard María Carles a agacharse para recogerlas.
- La princesa vistió un atuendo sencillo blanco, del diseñador Lorenzo Caprile, y estaba coronada con el mismo velo que usó su madre, la reina Sofía, y su abuela. El traje de la novia, fue el secreto mejor guardado de la boda.
- El menú del banquete nupcial servido a los invitados fue prácticamente vegetariano, siguiendo los gustos de la propia infanta y la reina Sofía.
- En la Catedral de Barcelona la Infanta fue recibida por un grupo de ocho niños que llevaban la cola del vestido y las arras del matrimonio.
- Un total de 4.400 periodistas y técnicos se acreditaron para cubrir la boda evento, casi el doble de los que lo hicieron (2.455) en marzo de 1995 en Sevilla (sur) para la boda de la infanta Elena, hija mayor de los reyes, con el economista Jaime de Marichalar.
- La prensa francesa fue la más madrugadora en seguir los acontecimientos del enlace, al que desde hace varios días dedica amplios espacios.