Golfito. La desolación que reina en el Depósito Libre y en los hoteles vacíos les recuerda a muchos golfiteños la época cuando la Compañía Bananera los abandonó en 1984.

Aquí, el huracán César no provocó inundaciones ni destrozos, pero les cerró el camino a miles de personas que se trasladarían a hacer sus compras del Día de la Madre, uno de los períodos de mayores ganancias para los empresarios de la zona.
José Luis Jop, presidente de la Asociación de Concesionarios del Depósito Libre de Golfito (ACODELGO), calcula en ¢1.000 millones la cifra que dejarán de percibir durante el tiempo en que las carreteras Intermericana y Costanera Sur continúen obstruidas por derrumbes o con pasos restringidos por las reparaciones.
Sin embargo, el maltrato económico es evidente desde ahora pues, de un mínimo de 500 visitantes que llegaban en cualquier día del año, el promedio ahora es de 30.
"Este domingo (4 de agosto) vinieron 31 personas, la cifra más baja para un fin de semana en toda la historia desde que abrió", comentó Guadalupe Quesada, administradora del Depósito. El miércoles, 7, aumentó a 50 personas que, según la funcionaria, son en su mayoría vecinos de las poblaciones cercanas pues las cédulas que aparecen en las tarjetas de compra inician con seis, que corresponde a Puntarenas.
La situacion ha obligado a los concesionarios de los 47 locales comerciales a tomar medidas de contingencia, que se aplican desde el martes pasado:
El horario será de 8 a.m. a 2 p.m., de martes a sábado, y los domingos de 7 a.m. a 1 p.m. No obstante, se mantienen los roles de trabajo normales para la obtención de tarjetas y para la Aduana.
Otorgar vacaciones --en el mejor de los casos-- a sus empleados. Optarían por despidos en el futuro.
Ahorrar energía eléctrica, razón por la cual en la mayor parte de las tiendas tienen las luces y el aire acondicionado apagados.
Angustia compartida
Mientras tanto, los vendedores se dedican a acomodar bodegas y limpiar una y otra vez. El resto alternan el mejorar los descuentos de la competencia para los escasísimos clientes, con atender la trama de las películas que observan en los televisores a la venta.
"Solo en planilla se deben pagar ¢250.000, aunque no se venda nada. Aquí ya se fueron cinco empleados, y posiblemente se vayan otros tres", comentó Yamilet Aparcicio, del local 32. En esta tienda esperaban vender ¢2,5 millones en los domingos que anteceden el 15 de agosto, pero solo obtuvieron ¢2.000.
La otra preocupación para los comerciantes es la gran cantidad de mercadería que no pudieron desalmacenar en Limón o Caldera pues solo puede llegar la de la zona libre de Colón.
En este sentido, el problema para los comerciantes es que, conforme pase el tiempo, el tipo de cambio aumentará y en consecuencia también los impuestos que pagarán cuando logren retirarla, según explicó Eduardo Monge, administrador de la Aduana de Golfito.
Por su parte, el fisco también pierde. De acuerdo con Monge, en agosto de 1995 se recaudaron ¢77,5 millones, mientras que, para el día siete de este agosto, la cifra era de ¢4 millones.
Contrario a lo que podría pensarse, la baja en Golfito no ha favorecido, por lo menos hasta este momento, a los negocios del Valle Central, según lo expresaron representantes de los almacenes Cemaco, Hogar Feliz e Importadora Monge, consultados por La Nación.
"Todavía para nosotros no ha arrancado el Día de la Madre. En realidad, la situación en Golfito a nosotros no nos afecta positivamente, por lo menos no lo hemos sentido", externó Virginia Castro, encargada de mercadeo de Cemaco.
En el mismo sentido Freddy Monge, subgerente de Importadora Monge, agregó que de cualquier forma este no ha sido el mejor año.
Cuartos vacíos
Pero en Golfito los que no trabajan en el Depósito laboran en los hoteles a los que, por supuesto, les aqueja la misma pena.
"Nosotros vendemos servicios; lo que no se vendió ayer, ya no se venderá. Las pérdidas para nosotros también son millonarias", comentó Janine Santos de Vicente, presidenta de la Camára de Turismo Local, que calcula en unos 2.000 el número de huéspedes dejados de atender en un fin de semana.
Los apuros son más todavía para quienes deben responder a deudas bancarias, como, por ejemplo, Aradelia Vargas, propietaria del restaurante y cabinas Mar y Luna.
"Amortizamos un crédito. No lo vamos a poder cubrir. Mi esposo va a tratar de pagar los intereses con su negocio de mariscos, que también va mal porque sus clientes --bares y restaurantes-- tampoco tienen a quien atender", dijo intranquila.
Por el momento, lo único que queda es esperar a que la situación no se extienda más allá de dos meses y que, para noviembre y diciembre, pico más alto en las ganancias, se haya encontrado una solución al ingreso a esta población, ya sea por tierra, o incluso vía marítima.
Preocupaciones en común
Aunque unos tienen más que perder que otros, todos los sectores que confluyen en Golfito coinciden en que la normalización de las actividades del depósito debe ser pronta.
Daniel Solís, administrador del almacén El Cometa
"Tenemos que seguir teniendo abierto para no perder la concesión, aunque la baja en la venta sea del 90 por ciento. La situación se sostendría un mes y medio sin despedir a nadie. Si se extiende esperaremos las órdenes de las oficinas centrales."
Rosibel Ramírez Ramírez,
compradora.
"Yo vivo en San José y vine a visitar a mi mamá. Aproveché para comprar algunas cosas como ropa y una licuadora; me las llevo en avión. Da gusto comprar así sin gente, pero diay... Los chiquitos también están sin trabajo, así que busqué uno y le pedí que me acompañara a las tiendas, para pagarle."
Eduardo Monge,
administrador de la Aduana de Golfito.
"Ahora la prioridad es para que en noviembre esté al menos en un 75 por ciento normalizado. Ese mes fue el pico del año, por ejemplo, en 1995 se recaudaron ¢138 millones en impuestos."
Keyner Díaz Díaz,
acarreador.
"No hay nada. La semana pasada no vine y hoy apenas llevo ¢1.000. El martes (6 de agosto) hubo una reunión y nos dijeron que siguiéramos viniendo, pero no sé."