El fuego quemó las esculturas de madera de Adolfo Siliézar, pero no fue por casualidad, sino por la pasión del artista de hallar nuevas formas.
Diez de las figuras carbonizadas de ese artista se exhiben en la Galería Enrique Echandi, hasta el viernes 6 de agosto. Allí se encuentran sus naturalezas muertas, sus hombrecillos-marioneta y hasta un "experimento de instalación", como él mismo Siliézar lo define.
Las obras en exhibición no son nuevas, pero antes no habían sido expuestas juntas.
"Estas piezas cierran una etapa; la nueva utiliza más el espacio y conserva muchas características de la presente", aseveró este artista, quien prefiere que sus trabajos sean "los que hablen".
Para él, el actual momento de creación se ha caracterizado por la afirmación de su estilo de trabajo y la estabilidad. No obstante, a él le gusta arriesgarse y de allí la razón del cambio.
La figura humana, los seres usados por las circunstancias y lo religioso son algunos de los temas preferidos por ese artista, que dedica la mitad de su día a impartir clases privadas de artes plásticas en Guadalupe.
Siliézar está conforme con lo que ha logrado con su obra, pero desea que su arte sea más visto y comentado por el público costarricense. "Que lo vengan a ver, que vean qué les despierta. Cada obra es un reto", dijo mientras extendía una mirada cariñosa a todas sus esculturas e instalaciones.
Sus obras de madera quemada llaman la atención: parecen muestras sacadas de una ciudad incendiada.
"Son una estructura de imprevistos. Yo hago la pieza y después la paso por el fuego, que la hace a su forma. Trabajo muy de cerca de la fragilidad de las cosas, y que las respuestas salgan de la destrucción. Muchos artistas se han olvidado de que uno de los factores de la creación es el riesgo, pero yo lo asumo sin miedos", explicó.
Así, vemos cómo las llamas, a su paso, dejan señales en la madera; algunas veces solo le dan una apariencia ahumada, y en otras cercenan parte de la obra.
Aunque resultado es importante, lo más interesante para Siliézar es el proceso en el cual puede experimentar, reintentar y reflexionar.
Ahora, Siliézar se interesa en la instalación como una forma de conquistar el espacio físico. Sus obras carbonizadas se unen a otras -igual de quemadas- para contar una historia.