¿Es una obligación humanitaria o un riesgo temerario? ¿Es una tarea pacificadora ineludible para Costa Rica o una complicación gratuita y peligrosa para la seguridad nacional?
El ingreso al país, hace dos semanas, de al menos una veintena de refugiados colombianos, familiares de comandantes guerrilleros, fue una consecuencia más de las gestiones nacionales encaminadas a facilitar un eventual diálogo entre los grupos insurgentes y el Gobierno de Colombia.
Ante un pedido de la Cruz Roja Internacional, el ministro de la Presidencia de Colombia, Horacio Serpa, habría contactado directamente al emisario costarricense, Guido Sibaja, para solicitar a Costa Rica que recibiera a sus conciudadanos y evitar así crímenes que complicarían aún más el inicio de alguna conversación de paz.
Los oficios de Costa Rica como facilitador en el proceso de paz colombiano iniciaron hace dos años, pero dejaron de ser simples propósitos diplomáticos varios meses atrás.
Como lo puso en evidencia la solicitud de Serpa, el trabajo "facilitador" ya se tradujo en acciones concretas, entre jerarcas gubernamentales, líderes insurgentes y dirigentes de la sociedad civil de esa nación. Empero, la guerra ha recrudecido y aún no se vislumbra un diálogo.
La situación interna de Colombia dista mucho de parecerse al conflicto centroamericano en los años ochentas -anterior escenario de las diligencias nacionales por la paz- y los riesgos de participar en ese proceso preocupan a políticos y excancilleres costarricenses.
En el territorio más violento del hemisferio se enfrentan entre sí al menos tres grupos guerrilleros, bandas paramilitares, el ejército y los carteles del narcotráfico, que han permeado a insurgentes, militares y políticos; además persisten enconados conflictos dentro del Gobierno y los partidos políticos y un enfrentamiento diplomático con los Estados Unidos.
"Hemos sido abanderados de los derechos humanos y sentimos una responsabilidad con los hermanos colombianos. Si podemos poner un granito de arena en la pacificación de ese país, nos sentiremos muy contentos", declaró el ministro de Relaciones Exteriores, Fernando Naranjo, al justificar la participación nacional en la búsqueda del diálogo en la nación suramericana.
Diplomacia fraternal
El excanciller Rodrigo Madrigal Nieto (1986-1990) sostiene que si "Costa Rica lo está haciendo (servir como facilitador), no es porque le convenga o no al país, sino por un sentido de altruismo, por una diplomacia fraternal".
No obstante, Madrigal admite que la búsqueda de la paz en esa nación es muy "difícil y riesgosa".
Gonzalo Facio, también exministro de Relaciones Exteriores (1970-1978), es más tajante. Para él no es conveniente que Costa Rica se mezcle de ninguna forma en el problema colombiano, pues "es un conflicto de facetas incontrolables".
No obstante, Facio avaló la llegada del grupo de refugiados siempre y cuando sea un acontecimiento aislado y se garantice que no se abrirán las puertas para la recepción de todos quienes se sientan amenazados en Colombia.
En ese sentido, la Cruz Roja Internacional, en Colombia, no puede descartar que en el futuro haya más casos de evacuados.
Para el director de la maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional, Jorge Cáceres, Costa Rica está dando una muestra más de sus tradiciones de respeto al derecho internacional humanitario al intentar ayudar para poner fin a la violencia en Colombia.
¿Amenazas para el país? La Cancillería descarta que la seguridad nacional corra peligro, y asegura que el refugio dado a los colombianos es un caso aislado. Sin embargo, Naranjo comenta que el mayor riesgo al que se expone Costa Rica es que no se logre poner a hablar a la guerrilla con el Gobierno colombiano.
"Comprendo plenamente que es riesgoso, pero cuando las tres partes piden ayuda no se les puede decir que no (guerrilla, Gobierno y sociedad civil). Para algo tenemos 100 años de democracia y tanta tradición en derechos humanos", sentenció el Canciller.