Los ticos consumen 27 especies de peces, moluscos y crustáceos de arrecife por desconocimiento y contribuyen a disminuir el número de ejemplares que dan equilibrio a esos ecosistemas.
Así lo constataron biólogos de la Fundación Keto, quienes se dieron a la tarea de conocer el mercado de pescados y mariscos para así identificar la venta de ejemplares característicos de los arrecifes del océano Pacífico.
Si bien estos peces aún no están entre los más buscados, el tiburón (bolillo o cazón) y la corvina siguen siendo los favoritos del público en las pescaderías.
En este sentido, se identificaron ocho especies cuya desaparición podría impactar mayormente el arrecife.
Se trata del pez loro, el pargo mancha, el mero, la cabrilla, la vieja de piedra y el pez halcón, así como la langosta y el pulpo.
Durante un año visitaron locales ubicados en los mercados centrales de cantones de las provincias de San José, Heredia y Cartago.
Asimismo, se trasladaron a sitios de pesca y distribución de mariscos en Cuajiniquil, El Coco, Brasilito, Callejones, Lagarto, San Juanillo, Garza, Sámara y Carrillo, en Guanacaste. También fueron a Malpaís, Tambor, Pochote, Paquera y Quepos, en Puntarenas.
Así se percataron de que, aunque los costarricenses registran un consumo promedio de 7,46 kilogramos por persona al año, desconocen qué comen.
Lo que pasa es que muchos peces de arrecife se venden como corvinas o pargos sin que el consumidor se percate de esto. “Muchas veces, los mismos vendedores nos decían que no venden el pez loro como tal porque la gente no lo conoce. Entonces, lo venden como corvina”, dijo la bióloga Cristina Sánchez.
Igualmente, la alta demanda de este tipo de carne blanca hizo que algunos pescadores artesanales ahora capturen y vendan peces de arrecife que antes eran devueltos al mar por ser considerados “chatarra”.
“La idea es crear conciencia en la población para que el consumo de pescado se realice de manera selectiva”, señaló el biólogo Damián Martínez.
Por ejemplo, se están consumiendo pargos mancha que aún son “juveniles”. Es decir, no se está dejando que el pez crezca y logre reproducirse antes de ser cazado.
Igualmente, los biólogos aconsejan al público diversificar el tipo de peces que se consumen para no generar una presión excesiva sobre una especie en particular.
“Es importante decir que, en general, el pescador artesanal no es malo; incluso, existen comunidades de pesca sostenible. Se trata de ser selectivos y responsables”, dijo Sánchez.
La razón es que la sobrepesca hace que el arrecife pierda su equilibrio natural.
Por ejemplo, al cazar demasiados peces loro, que son herbívoros (animales que se alimentan de algas), estos disminuyen su número y, por tanto, no existirán suficientes depredadores de plantas.
Cuando esto pasa, los corales se quedan sin espacios con sustrato duro (sin algas) para asentarse y crecer.
Por su parte, los corales son los “arquitectos” de los arrecifes y algunos peces, como los pargos, utilizan estas estructuras rocosas como refugio mientras crecen y alcanzan un tamaño adecuado para desplazarse mar adentro. Se da, por así decirlo, un efecto dominó.