La conservación de las 280 especies de mamíferos que habitan en Costa Rica dependerá de la tolerancia que desarrolle la población y de la protección institucional que se les de para garantizar su supervivencia.
Esta fue la conclusión del Foro sobre Poblaciones de Mamíferos realizado hoy en el Instituto Nacional de Biodiversidad (Inbio), en el que participaron biólogos, ecologistas y expertos tanto de organizaciones no gubernamentales como el Ministerio del Ambiente.
De las 280 especies de mamíferos que posee el país, 142 son terrestres, 29 son cetáceos y 109 son diversos tipos de murciélagos, lo que ubica al país como uno de los de mayor biodiversidad en el mundo, afirmó Garce Wong, coordinadora del Programa Regional de Manejo de Vida Silvestre de la estatal Universidad Nacional.
De estas especies, la ley costarricense ha declarado doce como de poblaciones reducidas y catorce en peligro de extinción.
En esta última categoría destacan los mamíferos grandes como los felinos y cerdos salvajes.
Sin embargo, apuntó Wong, estas categorías deben ser revisadas, pues no existen investigaciones serias que las respalden.
Por ejemplo, en el caso del mono tití, que es una especie endémica de Costa Rica, y está catalogada como en peligro de extinción, una reciente investigación reveló lo contrario.
Si bien no hay poblaciones abundantes de este mono, las existentes no están amenazadas y gozan de condiciones para mantenerse en el largo plazo.
Así lo afirmó el investigador Rodrigo Morera, quien estudió las poblaciones de titís en las zonas cercanas al Parque Internacional La Amistad, que Costa Rica comparte con Panamá.
Según Morera, en esta zona hay al menos 45 grupos de monos de en promedio 40,2 individuos, con un alto porcentaje de hembras adultas (38 por ciento) y crías juveniles (26,2 por ciento), lo que les permitirá conservarse en el largo plazo.
Además, cuentan con cantidades suficientes de alimentos y están lo suficientemente cerca para permitir el intercambio genético necesario que garantiza la supervivencia de una especie.
Por otra parte, las comunidades humanas ubicadas en la zona no representan peligro para los monos, pues como se trata de una especie que no daña los cultivos, los pobladores no les hacen daño y más bien están interesados en protegerla.
Para Wong, este es sólo un ejemplo de la necesidad de generar mayor investigación a lo interno del país que permita dirigir los escasos recursos a aquellas especies que realmente urgen de protección por su elevado riesgo, como los jaguares.