Berlín, EFE. La clase política alemana advirtió hoy del peligro del antisemitismo y de la necesidad de mantener viva la memoria histórica en ocasión del 60 aniversario de la liberación de los campos nazis de Bergen-Belsen, Ravensbrück y Sachsenhausen, ante sobrevivientes de toda Europa, incluida España.
El ministro alemán de Asuntos Exteriores, Joschka Fischer, en Sachsenhausen, la titular de la Familia y Juventud, Renate Schmidt, en Ravensbruck, y el presidente del Consejo Central Judío, Paul Spiegel, en Bergen-Belsen, coincidieron en lanzar mensajes de advertencia contra el olvido y como arma contra la ultraderecha.
Alemania "no puede ni debe olvidar su responsabilidad" con las víctimas, advirtió Fischer, ante unos 450 supervivientes de ese campo, en unos 60 kilómetros de Berlín, donde los nazis confinaron a unos 200.000 enemigos políticos, judíos y prisioneros de guerra.
Lamentablemente, no todos los alemanes han aprendido "la lección de la historia", dijo por su parte Schmidt, en el vecino campo de Ravensbrück y ante un millar de supervivientes, entre ellos la catalana Neus Catalá, de 90 años.
Para Spiegel, el "antisemitismo y la discriminación no es un fenómeno exclusivo de la Alemania nazi, sino que persiste aquí y en muchos otros países". La ex-presidenta del Parlamento Europeo, Simone Veil, asimismo superviviente del nazismo, recordó que, al margen de las temidas cámaras de gas, hubo otra forma de exterminio: "la selección por tifus, hambre y sed".
Bergen-Belsen, en Baja Sajonia, tuvo unos 120.000 presos, de los cuales casi la mitad murió de hambre o enfermedad durante el internamiento y otros 14.000 lo hicieron por las secuelas del confinamiento tras su liberación, el 15 de abril de 1945, por el ejército británico.
Neus Catalá, quien combatió en el bando republicano durante la Guerra Civil española y se exilió luego a Francia, estuvo entre las 132.000 mujeres y niños a las que el nazismo deportó y confinó en Ravensbrück. "Para mí, el día de la gloria es hoy", dijo, en francés, esta catalana, durante la ceremonia celebrada en ese campo, liberado el 30 de abril de 1945 por los soviéticos.
Catalá se refería con esa frase a que, hasta ahora, no había vivido una experiencia parecida en cuanto a ejercicio de recuperación histórica y homenaje a los supervivientes de la barbarie.
La nonagenaria, nacida en Priorat, acudió acompañada de una delegación de la Generalitat de Cataluña, presidida por el conseller de Relaciones Institucionales, Joan Saura. Se trata del primer homenaje institucional a las deportadas catalanas a ese campo, exponente de la voluntad de recuperación de la memoria histórica.
La "cultura del recuerdo", pero también las advertencias para el presente y el futuro centraron los discursos de la clase política y la comunidad judía de Alemania.
"Nosotros, los que aún podemos escuchar el testimonio de estos supervivientes, tenemos la obligación de transmitir su historia a las generaciones futuras", dijo Fischer. El recuerdo de Bergen-Belsen, como el de tantos otros lugares del horror, nos obliga a actuar "con más fuerza que hasta ahora" contra todo brote de antisemitismo y la ultraderecha, apuntó Spiegel.
Ayer, en el 60 aniversario de la batalla de los Altos de Seelow, una de las más cruentas durante el avance aliado hacia Berlín, la policía detuvo a once neonazis que trataron de lanzar octavillas en el cementerio donde yacen los caídos en combate.
También el sábado, el presidente de la Asociación Amical Mathausen, Enric Marco, asimismo miembro de la delegación catalana, asistió a una escena parecida, cuando varios ultraderechistas increparon a los presentes desde sus vehículos.
Tras participar en el acto central de Ravensbrück, Catalá y el resto de la comitiva colocaron una placa conmemorativa en el muro donde hay inscrita una lista con los países de procedencia de los confinados y luego realizaron una ofrenda floral junto al lago donde eran lanzadas las cenizas de las internas muertas.