Co existe un decálogo eterno del comportamiento humano; las reglas de la sana convivencia se modifican constantemente. El siglo pasado, como ninguno antes, introdujo cambios profundos en las relaciones entre hombres y mujeres, entre jóvenes y viejos, entre ricos y pobres, así como en las líneas jerárquicas en el Estado y en las empresas privadas.
Discernir -lo correcto- en el 2000 no es tan fácil como lo fue para nuestros antecesores.
En este mundo cambiante y convulso que nos dejó el siglo pasado, eso no es tan químicamente puro como en otras épocas. Se mezclan códigos de conducta de países distintos; los papeles de género se modifican constantemente, y los medios de comunicación nos presentan como usuales comportamientos en sociedad que antes hubieran sido rechazados de plano.
Por eso mismo, los expertos señalan que por ser una época de mayores cambios e incertidumbres, estamos buscando seguridad, tratando de elaborar nuevos rituales, y de allí el auge de los libros y columnas sobre etiqueta.
De Carreño al amigo con derecho
Generaciones enteras se educaron, desde el siglo pasado, con base en el Manual de Urbanidad de Antonio Carreño. Al revisarlo hoy, encontramos que muchas de las recomendaciones que allí se dan siguen siendo sanas reglas de convivencia armónica, mientras que otras huelen a desván y parecen absurdas, sobre todo en lo que se refiere a las relaciones de género.
La posición subordinada de la mujer, la larga lista de normas que debía obedecer para mantener incólume su prestigio y la honra de su casa, eran parte fundamental de la educación que se recibía en hogares y escuelas.
El proceso que llevaba a una pareja a contraer matrimonio, por ejemplo, marcaba una serie de requisitos, tan complejos y rígidos que muchas veces las parejas terminaban casándose sin saber nada acerca de sus cónyuges.
Actualmente, las relaciones entre los jóvenes de ambos sexos carecen de esas restricciones. Lo informal ha reemplazado a lo formal en "lo que debe hacerse", y han surgido otras categorías, en la ruta entre el noviazgo y el matrimonio: "salir" (que no implica compromiso ni exclusividad); "jalar" (que marca un noviazgo, pero que no necesariamente tiende al matrimonio); "amistad con derechos" (que implica incluso contacto físico íntimo, pero sin ataduras emocionales).
Los futurólogos señalan posibles tendencias en esta línea de relación: una disminución de los matrimonios formales; relaciones de convivencia de pareja más tardías; grupos de composición muy variada viviendo en la misma casa, entre otras.
En cuanto a las relaciones con los adultos mayores, que han fluctuado entre la veneración de otros tiempos y el irrespeto y abandono recientes, parece que se caminará hacia una dinámica intergeneracional creativa, en la que los niños y jóvenes se beneficien de la experiencia y madurez, y los de edad avanzada de la destreza tecnológica de los menores.
Apague su celular
En un universo cada vez más globalizado, que se mueve hacia el futuro a una velocidad vertiginosa, hay algunas normas antiguas que se mantienen, mientras otras han nacido al calor de los nuevos avances tecnológicos, para los que apenas se están comenzando a crear nuevos instructivos de usuario.
El alcance cada vez más amplio de radiolocalizadores y teléfonos celulares ha llevado a ir estableciendo, por ejemplo, áreas de no llamar, en las cuales es muy mal visto que se haga uso de esos aparatos.
De la misma manera, la necesidad de sobrevivir civilizadamente en el mundo de Internet ha producido abundantes páginas de -etiqueta-, que tratan desde la manera correcta de escribir correos electrónicos, hasta cómo llevar a buen puerto un noviazgo cibernético.
Los cambios son constantes y a ratos pareciera que no lograremos acertar. Pero viéndolo de cerca, el asunto no es tan complicado. Los especialistas están de acuerdo en que la etiqueta del nuevo milenio señala como conducta impropia no decir por favor o gracias. Asimismo, en que la puntualidad pasará a ser una de las características más apreciadas, debido al valor creciente del factor tiempo.
No hay duda. Estamos caminando en un campo minado; ningún manual de etiqueta, por más ambicioso que sea, puede darnos todas las recetas para sacarnos un cien en conducta en este nuevo milenio. Pero las reglas básicas de cortesía no pasan de moda.
Antes de las discotecas:
Para bailar en público, en los primeros años del siglo XX se debían cumplir las siguientes normas:
Guardar la debida distancia.
No bailar más de una vez con la misma pareja.
Un caballero nunca sacaba a bailar a una dama desconocida.
Esposo y esposa jamás bailaban juntos.
Los padres debían sentar a las muchachas que no se dieran a respetar.
Lo que no pasa de moda
Según los expertos, algunas reglas básicas seguirán vivas en el nuevo
milenio:
Decir gracias y por favor
Ser puntual
Dejar para el ámbito privado la vida sexual