SUENAN A CELTAS; sin embargo, para sorpresa de todos (menos de ellos), son ticos. No trabajan por la fama: lo hacen por la música y no les interesa que sus nombres de bautismo pesen sobre el de su grupo: Peregrino Gris.
Tampoco es que esto de hacerse conocidos les provoque alergia: para nada, sino que los integrantes del este grupo tienen el horizonte claramente enfocado hacia el placer que les acarrea hacer un determinado tipo de música, en este caso celta. Lo demás viene por añadidura.
Empezaron a tocar en el bar La Cajeta, en el Mundo Loco de Bernal Monestel, actividad en la cual otros como ellos se dedican a hacer lo que Bernal llama "música del mundo".
"Un día, Bernal nos ofreció entrevistarnos en su programa en Radio U, también llamado Mundo Loco, y en carrera nos metimos al estudio a grabar: esto nos obligó a ponerle", cuenta Rodrigo Oviedo, pianista, guitarra y acordeón del Peregrino.
Ahora ensayan menos porque tocan más. La agenda anuncia presentaciones en fiestas privadas y bares, y una que otra de sus piezas suena en la radio.
Antes habían andado en la senda del rock progresivo con un grupo al que llamaron Azul Profundo y con el que llegaron a presentarse en algún Festival de las Artes. Sin embargo, el grupo no llenaba lo celta que había entre ellos. Necesitaban algo más acústico.
"Siempre nos han gustado cosas muy diferentes", comenta Rodrigo, después de contar que también interpretan música andina con charango y todo; pero de esta faceta solo se ha enterado una que otra novia pues en serenatas es donde se les ha escuchado. También le hacen a la música indígena y a la medieval.
Con lo de los sonidos celtas, la respuesta del público ha sido inmediata. El encanto que despierta hace que sus conciertos evoquen cuentos medievales en los que las gaitas son las grandes protagonistas.
"El resultado en la gente ha sido muy bueno, sobre todo en los muchachos que se apuntan a bailar, brincar y hacer palmas", agrega Oviedo.
Sin embargo, los más impresionados han sido irlandeses y escoceses que los han escuchado aquí. "Un señor en Monteverde lloraba en un concierto pues su mamá, que ya había fallecido, era irlandesa y escuchaba este tipo de música", recuerda.
Encanto mágico
Cómo llegaron un par de músicos, un informático y un diseñador gráfico a formar un grupo celta, solo lo sabrá la pasión por hacer música.
El interés por los sonidos celtas lo tuvo Eduardo Oviedo desde pequeño; sin embargo, únicamente años después se le despertó un apetito voraz por conocer sobre este tipo de arte, así como sobre instrumentos antiguos (gaitas, oboes...) y música antigua europea.
"Se trata de sonidos antiguos que para mí son muy evocadores. La gaita une esos sonidos primitivos", comenta Eduardo. Poco a poco fue adquiriendo discos y libros sobre esa música, hasta que compró una gaita irlandesa y más tarde una escocesa. Este fue apenas el inicio del proyecto pues, a punta de libros y de práctica, Oviedo empezó a interpretar aquella música.
Eric Rigler, quien tocó la gaita en películas como Titanic y Corazón valiente y estuvo en el país grabando para Rubén Blades, se mostró muy impresionado por el nivel que ha adquirido Eduardo en forma autodidacta. La meta del músico costarricense es ir a especializarse al exterior.
El asunto es que los peregrinos están juntos y montados. De cinco temas con los que comenzaron, ya van por más de veinte, y el 80 por ciento del repertorio es música escrita por ellos.
En este momento, todos tienen la mente puesta en el disco pues ya urge: el público lo pide, hay gente esperándolo en Centroamérica, Ecuador e Irlanda, aunque, por las obligaciones que cada uno tiene y las continuas presentaciones, el proceso de grabar se ha desacelerado (pero no detenido).
Aunque las cosas han cambiado para estos músicos a causa del gran interés del público, Rodrigo considera que ahora, más que nunca, el nombre del grupo -tomado de Gandaf, el mago misterioso y protagónico del libro El señor de los anillos- tiene sentido para ellos: "Este es un peregrinaje con el que hemos llegado a diferentes lugares. El gris, por otra parte, es un color que no sobresale; nuestro interés es hacernos notar, pero no con la euforia de la fama".