París, 28 dic (EFE).- Europa superó hoy con éxito la primera etapa de su ambicioso proyecto de dotarse de un sistema propio de navegación por satélite que le permita independizarse a partir de 2010 del GPS estadounidense y acceder a un mercado muy lucrativo.
Desde las 9.01 GMT de hoy, el primero de los dos satélites de prueba de la constelación Galileo, el Giove-A, quedó instalado en una órbita media circular a 23.250 kilómetros de la Tierra y con un ángulo de inclinación de 56 grados con respecto al ecuador.
Hasta allí lo llevó un cohete ruso soyuz-fregate que había despegado unas tres horas y media antes del cosmódromo de Baikonur, situado en las frías estepas de Kazajistán.
En sus dos años de vida, el Giove-A y su casi gemelo, el Giove-B, que debería ser lanzado en abril próximo, tendrán una triple misión:
El primer y esencial objetivo es no perder las órbitas atribuidas a Galileo por la Unión Internacional de Telecomunicaciones.
La segunda tarea de ambos es analizar las condiciones medioambientales de la órbita media, unos datos de vital importancia para los 30 satélites útiles de la red Galileo, que deben estar operativos a partir de 2010.
Hasta hoy, los europeos habían enviado satélites de comunicaciones situados en una órbita geoestacionaria -a unos 36.000 kilómetros de la Tierra-, a misiones interplanetarias, pero nunca a órbitas medias.
La tercera misión -y no menos importante- consistirá en probar los instrumentos que equiparán los satélites de Galileo, en particular el reloj atómico más preciso jamás enviado al espacio, a base de "hidrogeno pasivo", que irá a bordo del Giove-B y que tiene una estabilidad superior a un nanosegundo por día.
Cada uno de los 30 satélites operativos de Galileo irá equipado con dos relojes de este tipo y con otros dos de reserva, también atómicos, pero de rubidio y con una estabilidad de 10 nanosegundos.
Dos pequeños ejemplares de este último tipo van en el Giove-A, que lleva también a bordo dos generadores de señales.
Esos instrumentos punteros harán de Galileo el sistema de navegación por satélite más preciso del mundo, pues localizará un punto en la Tierra con un error de un metro, 14 menos que el GPS.
"Compatible" con el GPS estadounidense y el Glonass ruso, Galileo aportará "una precisión de localización en tiempo real del orden de un metro, con una señal de una integridad sin igual", destacó la ESA, responsable del proyecto junto a la Unión Europea (UE).
Otra particularidad de Galileo es que es un proyecto civil controlado exclusivamente por civiles, a diferencia del GPS (en manos del Pentagono y a disposición parcialmente del público desde 2000) y del Glonass, que es exclusivamente militar.
Aunque la constelación Galileo no se completará hasta 2010, dos dos años antes la Agencia Espacia Europea (ESA) espera tener en órbita cuatro satélites y centros de tierra operativos, con lo que podrá comenzar a comercializar los servicios en Europa.
Si se superan todos los obstáculos técnicos, se abren para Galileo perspectivas de negocio inmensas en un mercado de 250 millones de euros de aquí a 2010, según cálculos de los expertos.
De un coste de 3.800 millones de euros, Galileo es considerado por la UE como su proyecto extremadamente rentable, ya que cuenta obtener 4,6 veces más de lo invertido, como mínimo, sin contar con los 150.000 empleos que calcula que se van a crear.
Se prevén numerosas aplicaciones, entre ellas la localización y los servicios derivados de alto valor añadido para los transportes por carretera, ferroviarios, aéreos y marítimos, para la pesca y la agricultura, y la prospección petrolera, protección civil, construcción, obras públicas y telecomunicaciones, según la ESA.
Todos destacan que con Galileo la vida de los europeos va a mejorar considerablemente, incluido el presidente francés, Jacques Chirac, "muy satisfecho" por los "éxitos" de "la Europa del espacio", "componente esencial del gran proyecto europeo".
"Son ambiciones de este tipo las que necesita la UE para investir, apoyar a sus industrias de tecnologías punta, crear empleos y luchar contra el europesimismo reinante", subraya el vespertino "Le Monde" en su edición de mañana, jueves. EFE
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