Por Carlos Rojas Lindsay
Miami (EEUU), 9 abr (EFE).- El éxodo del Mariel, que inundó Miami con 125.000 cubanos hace 25 años, tomó por sorpresa a las autoridades estadounidenses que no esperaban que la ola de refugiados fuera tan grande ni mucho menos su composición.
Si en Washington sorprendió la magnitud del éxodo, la ciudad de Miami se vio transformada por un nuevo tipo de inmigración que huyó de Cuba a partir del triunfo de la revolución castrista en 1959.
Los primeros refugiados cubanos comenzaron a llegar al puerto de Cayo Hueso (sur de Florida) a partir del 21 de abril, veinte días después de que seis cubanos estrellasen un autobús contra los muros de la embajada de Perú en La Habana en busca de refugio y la salida del país gobernado por Fidel Castro.
La situación se complicó cuando Perú dio asilo al grupo; Cuba retiró la guardia en torno a la embajada; más de 10.000 cubanos entraron a la representación diplomática; EEUU aceptó recibir a los refugiados y el gobierno de La Habana otorgó salvoconductos a decenas de miles, incluidos enfermos mentales y delincuentes encarcelados.
El gobierno estadounidense se vio obligado a tomar medidas de emergencia para recibir la avalancha de exiliados, lo que dio origen años después a la denominada "ley de pies secos y pies mojados" aprobada en 1994 por el presidente Bill Clinton ante el temor de nuevos invasiones de refugiados.
De esa forma, los cubanos interceptados en el mar (pies mojados) son repatriados, excepto los que pueden demostrar que son perseguidos políticos.
A los que pisan las costas del país (pies secos) se les permite quedarse como refugiados políticos y reciben, después de un año y un día, los permisos de residencia y de trabajo.
El otro gran impacto del Mariel se percibió en el mismo Miami, ya que la nueva oleada de exiliados cubanos transformó "el Miami anglo en un Miami hispano", señaló a EFE el sociólogo Juan Clark, uno de los principales investigadores del Mariel.
En 1980, unos 480.000 habitantes (35 por ciento) de los 1,6 millones que vivía en el condado de Miami-Dade eran hispanos en comparación con los 1,3 millones (60 por ciento) que son ahora entre una población de 2 millones de personas.
La mayoría de los especialistas coinciden en que, a pesar de que el Mariel dio una imagen negativa a Miami en un primer momento, a largo plazo ha sido un acontecimiento que lo enriqueció.
"Al principio hubo mucha preocupación, rabia y miedo, pero a la larga todo ha salido bien", dijo Maurice Ferre, quien fue el alcalde de Miami en aquella época.
Como reacción a la llegada de los miles de exiliados cubanos, la dominante mayoría anglo aprobó en 1980 un referéndum que hizo del inglés el idioma obligatorio para el gobierno del condado Miami-Dade.
Ese mismo año, la revista "Time" dijo a propósito del Mariel que Miami se había convertido en un "paraíso perdido", al tiempo que el valor de las propiedades se depreció y muchos anglos emigraron por temor a vivir eventuales situaciones como las que reflejó, en 1983 y en la ficción cinematográfica, la película "Scarface".
Aunque inmediatamente después de la llegada de los exiliados los delitos, en especial los robos, aumentaron muchas veces hasta más del doble de lo usual, las estadísticas demuestran que ese fenómeno acabó con relativa rapidez en la medida que los exiliados se fueron integrando a la sociedad y las reglas estadounidenses.
Además, muchos de los que eran delincuentes comunes en Cuba fueron arrestados y han permanecido encarcelados hasta el pasado febrero cuando el Tribunal Supremo de EEUU ordenó completar "cuanto antes" la liberación de los 747 que aún permanecían detenidos a pesar de haber cumplido con creces sus condenas.
Aunque no hay estadísticas oficiales, la casi totalidad de los "marielitos" se integraron en la sociedad de EEUU, fueron a la universidad o se convirtieron en empresarios, intelectuales o artistas exitosos que han contribuido a la sociedad estadounidense y a la causa anticastrista.
Esa lista incluye, entre otros, a los novelistas Reynaldo Arenas (El mundo alucinante) y Carlos Victoria (La travesía secreta), al empresario Isidoro Vilariño (red de restaurantes "La Casita"), los pintores Carlos Alfonso y Luis Vega, y los periodistas Mirta Ojito, ganadora de un premio Pulitzer, y Humberto Castelló, director del periódico "El Nuevo Herald".
Actualmente los exiliados cubanos, que situaron a Miami como la segunda ciudad con más cubanos del mundo, siguen siendo el centro de una vibrante ciudad considerada "el puente de las Américas".
Pero ahora los cubanos se mezclan con las pujantes emigraciones de nicaragüenses, venezolanos, argentinos, colombianos y puertorriqueños, entre otras, que han latinoamericanizado mucho más Miami. EFE
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