Limón . No salen a las calles a darle con el alma a los tambores o a sacudirse frenéticamente al compás de la batucada. Sin embargo, ellas llevan una década de ser pieza vital en el éxito de Los Brasileros, comparsa que no solo es insignia de Limón sino también una de las más aplaudidas del país.
Se trata de la Cooperativa de Mujeres Industriales Limonenses (Coopemil), cuyas integrantes este año volvieron a asumir la responsabilidad de confeccionar las decenas de trajes que los componentes de la comparsa usarán hoy cuando tomen parte en el tradicional carnaval de esta ciudad. La tarea esta vez revistió una importancia especial, pues coincide con la celebración de los 40 años de la bulliciosa y respetada agrupación.
Ayer aún, las seis máquinas de coser, ubicadas en el taller de Coopemil en barrio Los Corales, trabajaban a todo vapor con tal de darle los últimos toques al vestuario que usarán bailarines y músicos en el pasacalles. Y es que dado el movimiento que habrá dentro de los trajes, las costuras y telas tienen que ser fuertes pero a la vez lo suficientemente flexibles como para no limitar el carnaval que llevarán en su interior.
Doña Maritza Ocampo sabe muy bien lo anterior, pues ella es de las que ya llevan 10 años vistiendo a Los Brasileros. En su caso la tarea es algo de perfil familiar, pues sus hijas y nietos toman parte activa en el taller. Tal es el caso de los hermanos Marisabel y Jairo Monge: ella, de 18 años, este año hizo su debut frente a la máquina de coser, mientras que él, de 12, se encargó de recoger el reguero de retazos, hilos y lentejuelas.
Vistoso. Aunque todos los años los gemelos Sterling -directores de la comparsa- encomiendan a doña Maritza hacer trajes impresionantes, este año efectuaron su apuesta más llamativa, según explicó la experimentada costurera.
"Hemos preparado un vestuario bastante bueno, lleno de colores bien vivos. Las mujeres desfilarán con un vestido de baño de colores y una enagua rosada, mientras que los hombres irán con una chaqueta naranja con vuelos multicolores en las mangas".
Tener listo el ejército de uniformes no es nada sencillo y, desde hace más de una semana, el equipo está trabajando en jornadas que a veces se extienden de las 6 a. m. a las 10:30 p. m. Además, a lo largo de los días la lista de pendientes se ha extendido, en vista de que es frecuente que niños y jóvenes que no estaban comprendidos en el pedido original lleguen a tomarse medidas, luego de haber obtenido la "bendición" de los gemelos para incorporarse tardíamente al grupo que desfilará esta tarde.
"Este trabajo deja mucha satisfacción, pues hemos visto niños casi bebés que vienen por su traje y todos los años debemos hacerles uno nuevo, conforme van creciendo. En la comparsa hay mamás que se unieron desde muy pequeñas y hoy están introduciendo a sus hijos en la tradición", explicó doña Maritza durante una pausa en su trabajo.
Al fondo, el insistente sonido de las agujas atravesando la tela les recordó a ella y a los suyos que aún quedaban muchos Brasileros por vestir en colores.