Don Guido es como un pez, una criatura que habita gustosa en el agua de sus propios lienzos, en el charco de un arte que lo seduce con descaro y obsesión: la pintura, una forma expresiva que muchos desconocen en Sáenz.
A sus 70 años de edad, este hombre --que ha sido músico, actor, dramaturgo, crítico, ministro de Cultura, premio "Magón" y que aún embate a la opinión pública como comentarista, conductor del programa Atisbos y hombre de bien al que no le gusta callarse lo que piensa-- vuelve nuevamente a ocupar con sus lienzos una galería.
Luego de tres años de no exponer individualmente, don Guido dio por inaugurada Afluencias ayer miércoles en la Galería Valanty.
En complicidad con el óleo --de aceitosa naturaleza-- creó en seis meses, aproximadamente, un lote de 25 lienzos, la mayoría de gran formato.
Insistiendo en pintar paisajes y en buscar su propia voz dentro de la pintura impresionista, don Guido se lanzó a la aventura de pintar el agua.
Las flores de feroces temperamentos --protagonistas de sus lienzos de siempre- son ahora personajes secundarios de este drama de luces, reflejos y sombras.
Agua mansa y misteriosa, como la que fluye en los canales; ríos breves y de espumosa piel, como los que abundan en el paisaje tico o corrientes impulsivas que parecen empapar sin tregua al espectador, son parte de lo que él retrata desde su paleta.
Hijo de Alonso Sáenz --virtuoso de la talla en madera-- y de Luisa González --importante pintora de la generación de los años 30-- don Guido nació artista y pintó solamente en su cabeza por décadas.
Comenzó a pintar a los 60 años, cuando Daisy --su esposa y varias veces modelo de sus imágenes-- le dio como regalo en ese cumpleaños algunas, telas, pinturas y pinceles.
En su casa --el paraíso personal que ha levantado en Escazú--, acompañado como siempre por el fantasma de Federico Chopin, sin ganas de ocultar su delirio por Claude Monet y muy seguro de que el olor de los óleos se le acomodó en la médula desde niño, Guido Sáenz habló con Viva de su nuevo despertar al color, de su hacer y deshacer en el arte, de sus sueños y sus intolerancias.
_¿Qué aprendió Guido Sáenz al pintar el agua?
_Que me faltaba mucho por conocer de mi propio país. ¿Puede creerme que no había estado antes en Arenal o en Tortuguero? Tuve que ir a esos lugares para poder pintarlos. Vea los reflejos que atraviesan estos árboles...
_A pesar de la gran fuerza que hay en los lienzos, lo de Afluencias sigue siendo sobrio como sus otros paisajes...
_No podría hacer nada relamido, no está en mi manera de ser.
_¿Quiénes lo inspiraron a pintar ayer y hoy?
_Casi todo lo que hice --en Afluencias-- es con reflejos, quizás inspirado por la obra de Monet y ese gran logro suyo de captar la luz, la serenidad y la gama infinita de efectos en el agua.
(Ya acomodado en el sillón de su sala, se pone pensativo y sin mucha vuelta reflexiona en voz alta.) "Yo nací en 1929, tres años después de la muerte de Monet, curiosamente sus padres se llamaban igual que los míos Adolfo y Luisa.
(Regresa nuevamente a esta conversación de dos.) "No es por eso que pinto. No sigo los pasos de Monet. Lo que hago es continuar los pasos interrumpidos de la generación de la nueva sensibilidad, a la cual pertenece mi madre."
_¿Por qué insiste en quedarse con el paisajismo cuando hay tanta gente que no lo atiende ni entiende?
_¿Por qué no voy a hacer algo que a mí me produce un gran deleite? Admiro mucho lo abstracto, pero no para hacerlo yo. Crecí oliendo a pintura en el estudio de mamá y luego la vi hacer paisajes. Yo los sigo haciendo porque creo que es un camino perfectamente válido para encontrar un lenguaje en la modernidad.
_Hace años usted afirmó que se proponía crear un nuevo capítulo del paisajismo en Costa Rica. ¿Lo logró?
_Creo que sí. Amigos me han dicho: "he visto muchas flores grandes e imponentes como las que vos hacés y son quizás tus modelos que lo están retomando otros."
_Entonces, ¿está satisfecho con su obra?
_No estoy plenamente satisfecho; hay cosas que no he podido lograr. Soy muy riguroso conmigo mismo y destruyo mucho trabajo. A veces hasta castigo los cuadros y los vuelvo contra la pared. Después los retomo. Si valen la pena, algo sale; si no, los rompo.
"Yo no pretendo deslumbrar ni sorprender a nadie; sencillamente pinto lo que me sale de adentro."