L
a muerte de un padre o la negativa a ejercer la paternidad por parte de este, puede resultar muy difícil para los niños, quienes con frecuencia desarrollan una serie de fantasías y especulaciones en torno al asunto, a veces como una forma de justificar su ausencia.
Muchos interpretan ese vacío como un abandono y terminan pensando que no son merecedores de ese tipo de relación.
El psicólogo Erick Quesada afirma que, ante esta situación, lo mejor es decirles siempre la verdad. Eso sí, sin entrar en detalles innecesarios que puedan generarles angustia.
Según explica, si el padre ha muerto es necesario hacer entender al niño que no se trató de un abandono, y explicarle que estos acontecimientos, aunque muy dolorosos, son parte de la vida y pueden suceder en cualquier momento. Asegúreles que que a pesar de lo ocurrido, siguen siendo una familia.
Si el padre no asume su paternidad y se niega a aceptar responsabilidades, hay que aclararle al niño que, sean cuales sean las razones, él o ella no ninguna culpa por la falta de compromiso de su papá. Más bien, refuérceles su autoestima subrayándoles sus cualidades y demostrándoles afecto. El menor necesita saber que cuenta con su apoyo.
No les mienta ni les cree falsas expectativas con respecto a su padre (decirles, por ejemplo, que no los ve porque está fuera del país o porque trabaja mucho, por ejemplo). Y es que, con el tiempo, esto puede provocarles confusiones y conflictos difíciles de superar. Recuerde: lo mejor es hablarles con la verdad.
Tampoco conviene poner al hijo en contra de su padre. Incentivarlo a que desarrolle resentimiento o ira hacia él por el abandono no es saludable en términos psicológicos, pues compromete su salud emocional.
Si bien es cierto, lo deseable sería que todos los niños tengan en casa a una figura paterna, lo más importante es que sus necesidades de afecto y seguridad estén llenas, y que, en caso de que ingrese un hombre al núcleo familiar, este sepa cómo cumplir adecuadamente con dicha responsabilidad.