"Nos sentimos desprotegidos por las autoridades... " Tal es la queja, vehemente, que Alexánder Rojas Salazar, administrador de la sucursal de la Farmacia Fischel en San Vicente de Moravia, plantea ante la ola de asaltos del hampa contra diversos establecimientos comerciales.

En febrero, cuatro hombres encapuchados y fuertemente armados irrumpieron en ese negocio y, en cuestión de segundos, sustrajeron ¢200.000.
"Hemos tomado algunas precauciones, pero tenemos el temor de que se vuelva a presentar una situación similar", añadió.
Al igual que Rojas, varios comerciantes del área metropolitana y representantes de la Cámara de Comercio de Costa Rica comparten su malestar y exigen una mayor reacción por parte de la Fuerza Pública y del Organismo de Investigación Judicial (OIJ).
Algunos afectados han optado por contratar vigilancia privada o asegurar su negocio por medio de una póliza contra robo.
Para el Ministerio de Seguridad Pública y el OIJ, no puede pasarse por alto la escasez de recursos para combatir el embate del hampa. Pero, además, citan otro problema: la falta de cooperación por parte del sector comercial.
"Estamos haciendo esfuerzos por acabar con esas bandas delictivas; sin embargo, no ha sido fácil (...) No podemos poner un vigilante cada 100 metros", recalcó Laura Chinchilla, ministra de Seguridad Pública.
En manos del hampa
Paralelo a ello, Carlos Federspiel, presidente de la Cámara de Comercio de Costa Rica, demandó una respuesta inmediata de parte de las autoridades y abogó por penas más duras contra los delincuentes.
"Estamos dispuestos a coordinar acciones preventivas con las autoridades pues las pérdidas del sector aumentan día con día", expresó.
Mientras, la incertidumbre se mantiene latente en varios comercios de la capital, tal y como lo corroboró un equipo de La Nación que se desplazó por San Pedro de Montes de Oca, Curridabat, Zapote, Desamparados, Moravia y Tibás.
Luis Alfaro, administrador de la panadería Musmanni en La Colina, Curridabat, se quejó de que allí la presencia policial es ínfima. Su local fue asaltado en marzo. Las pérdidas superaron los ¢500.000. "Opté por contratar un guarda permanente a fin de aminorar el riesgo", manifestó.
Algunos comercios de mayor tamaño, como es el caso del centro comercial Muñoz y Nanne, en San Pedro de Montes de Oca, se han visto obligados a invertir cerca de ¢370.000 mensuales en seguridad.
Otros negocios más pequeños --que por razones de seguridad no revelaron su nombre-- no han adoptado ninguna medida preventiva.
El costo de un servicio de vigilancia las 24 horas del día --en turnos de 8 horas-- cuesta entre ¢200.000 y ¢400.000 mensuales.
En forma complementaria algunas empresas, como el caso de Vigilancia Electrónica, ofrecen servicios de instalación de alarmas, labores de monitoreo y respuesta armada de refuerzo. El costo de estos servicios puede rondar los ¢9.000 mensuales, según las características --infraestructura, ubicación geográfica-- del cliente.
Algunas también incluyen alquiler de circuito cerrado de televisión con grabación en tiempo prolongado y cámaras minúsculas, informó Raúl Leandro Rojas, gerente de la empresa Vigilancia Electrónica. "Estos últimos servicios demandan una mayor inversión; su costo tiende a ser muy variable", añadió.
Otra posibilidad que tienen los comerciantes para intentar paliar los efectos de un atraco es asegurar sus existencias y equipos. El Instituto Nacional de Seguros (INS) ofrece una póliza contra robos, que --no obstante-- solo se aplica en aquellos casos cuando media algún tipo de violencia a la hora del asalto. No cubre las sumas de dinero que se transan en el negocio.
"A pesar de que la ola de robos es constante, la demanda por este tipo de póliza es leve", informó un agente de seguros, quien prefirió no ser identificado.
Poca conciencia
Ante las quejas de los comerciantes y sus demandas de una vigilancia más eficiente, jerarcas y funcionarios de los cuerpos policiales consideran que, el problema se ha agravado por la falta de conciencia y cooperación de parte de ese sector.
Este diario pudo constatar que varios de los comerciantes consultados --pese a que han sido asaltados en una o dos ocasiones-- no se han preocupado por aplicar medidas mínimas de seguridad, que aminoren el riesgo al que se exponen.
Buena parte de esos establecimientos aún carecen de un guarda las 24 horas del día y no cuentan con ningún sistema de alarma en sus iacute;ximos días el Ministerio tiene planeado aumentar la presencia policial y revisar las rondas de patrullaje, entre otras medidas.
Tampoco, en la mayoría de los sitios visitados, propietarios y empleados de los establecimientos comerciales mostraron manejo de las medidas de prevención que se deben adoptar en casos de asalto.
Fuentes del OIJ puntualizaron que en muchas ocasiones --minutos después del asalto--, las personas desordenan el sitio del delito y entorpecen la recolección de indicios.
Achacaron poca colaboración en la observación con detenimiento de algunos rasgos o características de los asaltantes (vestimenta, acento, color de piel, tamaño, etc.), descripciones que pueden ser muy útiles para dar con los hampones.
Aunque en la policía judicial se afirmó que ya tienen un perfil de las bandas y varios sospechosos "que están siendo investigados", también --con toda franqueza-- reconocieron que esos golpes probablemente continuarán. En estos momentos, según fuentes del OIJ, en el área metropolitana operan tres bandas que lo mismo pueden actuar en la noche que a plena luz del día.
Por su lado, la ministra Chinchilla aseveró que en los próximos días el Ministerio tiene planeado aumentar la presencia policial y revisar las rondas de patrullaje, entre otras medidas.
Negocio prevenido
Ningún local comercial está exento de ser víctima de un asalto; por ende, es vital adoptar algunas recomendaciones tendientes a aminorar el riesgo y facilitar la labor de las autoridades. A continuación el detalle:
- Observe con atención si, de imprevisto, estacionan en forma misteriosa un auto o una motocicleta frente al negocio.
- A veces, antes del asalto, aparece un motociclista que ingresa al negocio, sin quitarse el casco, y pregunta por productos que luego no adquiere.
- De ser asaltado, mantenga la calma. Procure memorizar todas las características físicas de los delincuentes: Estatura, color de los ojos, de piel, tipo de cabello y la ropa que llevan.
- Ponga atención al acento, nombres y apodos que utilicen al conversar entre ellos.
- Maneje mínimas sumas de dinero en las cajas registradoras.
- En caso de ser asaltado, procure mantener inalterable el lugar de los hechos mientras se presentan los funcionarios del OIJ. Ello permitirá agilizar la recolección de indicios y reconocer con mayor prontitud la identidad de los hampones.
Ficha del delito
En los últimos meses, varias bandas comunes han puesto en jaque a locales comerciales del área metropolitana. Este es un perfil de los asaltantes.
- Total de bandas desarticuladas: 2.
- Número de bandas activas: 3.
- Integrantes de cada una: entre 3 y 5 individuos.
- Nacionalidad: la mayoría de sus miembros son costarricenses.
- Edad promedio de los hampones: entre 19 y 25 años.
- Perfil psicológico: son personas propensas a actuar en forma violenta y, en el peor de los casos, a provocar heridas de gravedad a las víctimas, según el tipo de resistencia de las últimas.
- Tipo de armas utilizadas: grueso calibre (subametralladoras AK-47, Uzi, entre otras).
- Nivel de organización: son bandas que carecen de una compleja organización jerárquica y tampoco utilizan una complicada planificación a la hora de efectuar los atracos.
- Víctimas preferidas: pequeños locales comerciales (panaderías, gasolineras, tiendas, pulperías, minisupermercados, gimnasios, etcétera).
- Promedio de asaltos por semana: 3.
- Sitios donde han atacado: las bandas han centrado sus golpes en San Pedro y Sabanilla de Montes de Oca; Curridabat, Zapote, Desamparados, la ciudad de San José y San Vicente de Moravia, preferiblemente.