El sepulcro vacío
En este domingo celebramos la Solemnidad de la Pascua de Resurrección del Señor con la que culmina el Triduo pascual.
La palabra domingo proviene del latín díes domínica, que quiere decir "día del Señor", y se llama así porque en él resucitó Jesús.
Resucitar significa aquí no el hecho de haber muerto y después volver a la vida, la misma de antes, como en el caso de Lázaro, sino empezar a gozar de una vida completamente nueva, plena, inmortal, eterna, con un cuerpo transformado, glorificado. Pascua es eso: pasar, por la muerte y la resurrección, de una vida pasible y mortal a otra en la que ya no se padece ni se muere jamás.
Jesús murió y resucitó, y nosotros, incorporados a él por el bautismo, miembros de su Cuerpo, la Iglesia, ahora padecemos y un día vamos a morir inevitablemente, pero esperamos resucitar y ser glorificados como él. Es el misterio pascual, celebración central de la Eucaristía y los sacramentos, que da sentido al ser y misión de la Iglesia, signo e instrumento de salvación. Porque si Jesús no resucitó... nuestra fe es vana y nada ni nadie nos salvará (véase 1 Corintios 15, 17- 19).
¿En qué nos fundamos para afirmar que Cristo resucitó? En el testimonio de sus apóstoles que, aunque no lo vieron resucitar, sí que vivieron los efectos de la resurrección por la presencia de Jesús resucitado en sus vidas y la confirmación de su fe por la luz y la fuerza del Espíritu Santo.
Todo ello les marcó a tal punto que fueron capaces de predicar el Evangelio por el mundo conocido de su tiempo, en medio de enormes dificultades y sufrimientos hasta dar la vida por la causa de su Maestro y Señor.
Los evangelistas y San Pablo (1 Corintios 15, 4-7) fundan su certeza de la resurrección de Jesús en el "sepulcro vacío" en la madrugada de la Pascua y en las apariciones del Señor resucitado a los discípulos.
En lo que concierne al sepulcro vacío, San Juan trae en su evangelio de hoy el relato en el que es protagonista principal, junto con Simón Pedro, el mismo que, avisado por María Magdalena y, habiendo adelantado en la carrera a Pedro, "llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo, pero no entró".
En compañía de Simón Pedro, entra Juan al sepulcro (una sala relativamente amplia, cuya puerta era tapada por una piedra redonda, grande y pesada) y llama la atención el prolijo modo de describir el conjunto de telas empleadas para cubrir a Jesús. Probablemente esta descripción quiere comunicar la idea de que las telas conservaban las marcas del cuerpo que en ellas había sido envuelto, dando así una prueba visual de la resurrección.
Ello explica la espontánea reacción de Juan: "Vio y creyó". ¿Qué es lo que vio? Eso: el sepulcro vacío y las telas ahí, como trofeos de una victoria...
Insisto: Nosotros creemos que Cristo resucitó, sin haber visto ni el sepulcro vacío ni a Jesús resucitado, solo por el testimonio de los que sí lo vieron.