El evangelista Juan nos permite conocer que los primeros discípulos de Jesús lo fueron antes del Bautista. Un dato que, ausente en los evangelios sinópticos, permite comprender mejor las relaciones de Juan y el Señor Jesús.
En el evangelio de este día Juan repite su testimonio acerca de Jesús y allí mismo, dos de sus discípulos deciden seguir a aquel que su maestro identifica como Mesías.
Un texto el de hoy, como se nota, de características vocacionales y en el que aparece la llamada de unos hombres instruidos con detalle, hasta el punto de que les basta una breve referencia acerca del Cordero de Dios para comprender el significado de la cercanía de aquel que es señalado por Juan.
Notando Jesús la cercanía de los discípulos del Bautista, les interroga y ellos le llaman rabí, título para maestros reconocidos.
Luego lanzan una pregunta decisiva en torno al lugar en donde se aloja . Esta cuestionante no necesariamente se refiere a una dirección o lugar concreto. Puede referirse también al deseo de conocer la procedencia del interrogado, algo así como "¿de dónde vienes?".
Jesús responde con una invitación. Les convida a tener una experiencia de cercanía y de seguimiento que les haga posible comprender realidades que de otra manera serían difícilmente entendibles por la vía de la sola explicación.
Y ese convidarles, la expresión de Jesús "venid y lo veréis" (v.39), fue tan decisiva para aquellos dos hombres que el evangelio deja registrada hasta la hora en que todo ocurrió: las cuatro de la tarde.
Al día siguiente, Andrés lleva a Pedro ante Jesús. "¡Hemos encontrado al Mesías!" (v.41b), le dice su hermano a Pedro con plena certeza y luego el Señor acoge, y elige a aquel hombre que le presentan.
Es más, le impone un nuevo nombre. Le asigna de esta manera una nueva función, le abre la puerta a una etapa de su vida marcada por un estilo de cotidianidad muy diverso al que había vivido.
De cara a nuestra vida diaria, marcada por alguna vocación, sea matrimonial, a la soltería o a alguna forma de vida de especial consagración, los textos de hoy nos han de invitar a una reflexión seria y profunda que podríamos sintetizar en unas pocas preguntas: ¿sabemos estar tranquilamente con el Señor? ¿Vivimos el seguimiento desde nuestro lugar y en nuestra vocación específica? ¿Llevamos, como Andrés, a otros ante Jesús? ¿Cómo anda nuestro apostolado? Asuntos nada accesorios sino harto esenciales que todo cristiano maduro debe vivir y hacer vivir.
P. Mauricio Víquez Lizano.