Es un hecho que Telenoticias está haciendo muy buenos intentos para recuperar audiencia. Es pronto para juzgar y habrá que esperar para saber si, finalmente, este noticiero retoma su camino de golpes informativos y periodismo de investigación.
La semana pasada transmitieron, sin embargo, un reportaje "vivencial" que, a mi juicio, utilizó innecesariamente un recurso que debería circunscribirse a casos más calificados.
Danny González, disfrazado, se inmiscuyó en el mundo de los alcohólicos indigentes. Si bien este es un tema que merece toda la atención de la sociedad, nunca entendí qué podía encontrar Danny, vestido de indigente, que no pudiera hallar como periodista común y corriente.
El cierre del reportaje me dejó un sinsabor. Danny, "desarrapado y desorientado", fue seguido por sus camarógrafos en medio de unos lastimeros acordes.
De nuevo me asalta la duda que muchas veces he externado desde esta columna. ¿Hasta dónde va a llegar el protagonismo de los periodistas de televisión? Si la noticia eran los alcohólicos y sabemos que las estampas urbanas de estos fantasmas de cartón pululan por la capital a todas horasÖ ¿por qué cerrar con una toma del periodista? ¿No hubieran sensibilizado más -si es que eso era lo que se buscaba- imágenes reales, de esas que desgarran el alma?
Curiosamente, Danny está luchando contra Danny. Fue él quien hace unos años nos ofreció una pieza excelente de periodismo investigativo cuando se inmiscuyó en el mundo de la mendicidad. Ahí sí se justificaba por completo la "actuación" del colega porque de otra forma, por ejemplo, no hubiera podido saber cuánto recolectan los pordioseros de la capital, si se dedican a esto por necesidad o sinvergüenzada, o la actitud de la gente hacia ellos.
Hace poco también introdujo una cámara oculta en San Sebastián, cuando estaba en apogeo la polémica por la sobrepoblación de las cárceles, en un esfuerzo serio y válido para mostrar, desde adentro, esa realidad.
La calidad profesional de Danny es incuestionable. Debe, eso sí, procurar mantener la perspectiva en su lugarÖ y el protagonismo también. De hacerlo, los televidentes disfrutarán su fisga, su olfato y su valentía.