"Tengo una hija en III grado que llega todos los días quejándose porque la maestra le llama la atención. Ella es rápida; cuando estaba en kínder la maestra le ponía más trabajo: si a sus compañeros les daba cinco ruedas para colorear, a mi hija le daba ocho. En primero y segundo grado tuvo una maestra que la ponía a ayudar a los otros niños después de terminar su trabajo. Mi hija dice que la maestra actual le llama la atención porque después de terminar su trabajo se levanta para ir al basurero a hacerle punta a los lápices, o se ofrece para borrar la pizarra o se pone a conversar con otra niña, al punto que me dijo 'mamá, quisiera tener otra maestra'. Conversé con la maestra y para mi sorpresa me dijo que mi hija trabaja bien, presenta bien las tareas y trabajos, pero 'que le dijera que le va a bajar puntos por participar tanto, porque responde todas sus preguntas, aún cuando van dirigidas a otra niña'".
El comportamiento que muestra su hija es típico de una niña que tiene destrezas de aprendizaje muy desarrolladas, de esas que uno dice que "todo lo captan" muy rápido y por eso dan lo que a veces se llama "problemas de conducta".
Al mismo tiempo, la niña refleja algunas conductas propias del déficit atencional con hiperactividad e impulsividad, lo cual explicaría su inquietud, su necesidad de ponerse de pie en clase con alguna excusa, su tendencia a hablar en clase, la rapidez con que trabaja y su esfuerzo por contestar incluso preguntas que no se le hacen a ella.
¿Cuál de las dos cosas: o muy inteligente o déficit atencional, están ocurriendo en este caso? Bueno, déjeme decirle que cuando un estudiante es muy inteligente, sus destrezas de aprendizaje son muy fuertes y no tiene déficit atencional; posiblemente es un niño o un joven que termina su trabajo y se mantiene sentado, quieto y posiblemente se entretiene en su pupitre sin mostrarse hiperactivo.
En el caso de su hija, me inclinaría a pensar que se trata de las dos cosas, pero se requiere más información para confirmar un diagnóstico. No obstante, en ambos casos, su hija se beneficiaría mucho si los docentes a su cargo le aplican adecuaciones curriculares no significativas, tal como hizo la maestra de los grados anteriores, que la designaba como tutora de otros niños.
Creo que lejos de penalizarla bajándole puntos por participar tanto, a la niña se le puede nombrar como la ayudante de la maestra para borrar la pizarra, para hacer mandados dentro de la escuela. Después de todo no hay niños más colaboradores en las escuelas que los hiperactivos, que desean cualquier excusa para ponerse de pie; ojalá que después de que termina su trabajo le permitan llevar algún libro de su preferencia para leer o que le permitan usar alguna computadora. Así se orienta su hiperactividad hacia conductas de colaboración y no de interrupción.