Imagine la siguiente escena: un pequeñín a quien le preguntan la edad, el niño con gran alegría levanta tres deditos y grita "chés, chés, chés". La ternura de sus padres y las sonrisas de todos los que lo rodean son dignas de una fotografía.
Hagámosle la misma pregunta tres décadas más tarde, y dudo que este adulto se llene de alegría y de entusiasmo al respondernos, como lo hizo años atrás.
Preguntar la edad es una de las situaciones más incómodas y molestas que hay, y que debemos de evitar a toda costa, porque a la mayoría de los adultos les molesta mucho que les pregunten cuantas velitas habrá en el próximo pastel de cumpleaños.
Las respuestas pueden ser igual de necias y hasta se puede caer en la grosería si nuestro interlocutor insiste en ser informado.
Lo cortés es responder con un "discúlpame pero no quiero decírtelo", o bien "tengo la edad suficiente como para no responderte". Si la majadería es mucha, un "Como verás, no estoy interesado en decirte" es otra buena opción.
También está el viejo truco de responder "treinta y pico", o bien como le escuché a una amiga, en son de broma y rápidamente en su cumpleaños: "treintaytrece", es decir, 43.
Hay otra situación igual de fea: responder a la pregunta "¿A ver cuántos me calculás?" y obviamente hay que mentir con cifras por debajo de lo que vemos en el rostro de nuestro amigo.
En nuestra cultura, los años parecen ser un error y nunca se miran como experiencia ni sabiduría, más bien se ven como signo de decadencia, pues poco a poco se va perdiendo el respeto por los adultos.
Otras preguntitas faltas de tacto son las impertinentes dudas sobre el precio de las cosas y los salarios. A menos que usted sea un recaudador de impuestos o miembro de la inquisición, por favor absténgase de saber lo que ganan sus amigos o cuánto les han costado sus pertenencias.
Y para terminar, no falta nunca en una fiesta alguien que nos bombardee con preguntas necias y nos contradiga en todo lo que hablamos.
A estas gentes, lo más fácil es ignorarlos, o decirles alguna de las siguientes frases: "Veo que tenemos diferentes puntos de vista, pero no vamos a arruinar la fiesta por una tonta discusión".
Recordemos el antiguo refrán: "a palabras necias, oídos sordos".