El título de hoy tiene que ver mucho con una moda que desde hace varios años se viene imponiendo dentro de nuestro medio social.
Costumbre que se ha acentuado aun más en estos días de crisis cuando casi nadie puede tirar la casa por la ventana cada vez que tiene una fiesta.
Estoy hablando de la expresión "fiesta de traje", que en la jerga popular significa, - yo traje lo que me voy a tomar, o comer. Es decir, que un amigo invita a su casa, pero con la condición de que la bebida, y a veces la comida, corran por cuenta y parte de cada uno de los invitados.
Lo anterior da pie a muchas discusiones y hasta malos entendidos.
Por ejemplo, hay quienes llevan el licor más barato porque temen que al mostrar su botella de jeréz , resulte que al unísono, toda la fiesta de repente solo beba jeréz, aunque nunca lo hayan probado o detesten su sabor.
Otras veces, hay alguien que se esmera con las viandas preparando unos bocadillos sensacionales , y resulta que el amigo de al lado solo se preocupó por abrir una bolsa de papas comprada a la sombra de un semáforo en rojo.
También ocurre que el dueño de casa no ofrece nada más que eso, la casa, y falta poco para que a fin de mes nos llame para compartir con él los gastos de agua y luz de dicha velada.
Mi consejo es que quien dé una "fiesta de traje" suponga que al abrir las puertas de su casa, al menos esté dispuesto en incurrir en los gastos mínimos y básicos como tener vasos, cubiertos, platos y servilletas de calidad y en buena cantidad.
También debería tener disponibles bebidas gaseosas , mucho hielo y limones.
Añadiendo al punto anterior, el anfitrión de igual modo procurará darle un ambiente especial a la velada. Para esto puede recurrir a detalles como flores frescas, luz de velas. Por otra parte, la mesa aunque sea informal, debería estar arreglada con esmero, pues no hay cosa más triste que ver un mueble donde las cosas parecen un comercial de televisión, es decir todo envuelto en sus respectivos empaques y de feria hasta con el precio bien marcado.
Ahora, cuando termina la reunión, un anfitrión cortés lo que hará es guardar el licor sobrante y comprometerse a mostrarlo en el próxima fiesta, con el fin de que sus amigos no vuelvan a incurrir en gastos innecesarios.
Si sobra un poco de comida y bebida, lo propio es dejarlo en casa del anfitrión, y no salir a la calle llevando en la mano una botella casi vacía, o un plato plástico con tres galletas de soda untadas de atún.