Si usted hace grandes esfuerzos en su trabajo, dedicando gran cantidad de horas al día para alcanzar metas, ganar prestigio y hacer dinero, pero ha olvidado gradualmente las razones por las que trabaja tanto (¿su familia, tal vez?), se ha convertido en una adicta al trabajo: en una "trabajólica".
Imponerse un ritmo de trabajo excesivo, sin más metas que el trabajo mismo, implica algunos rasgos patológicos semejantes a los del alcoholismo, -de ahí el término de "trabajólicas"- como dificultades para relacionarse, baja autoestima y sentimientos autodestructivos.
Quizás sea muy exitosa en su trabajo, pero ser "trabajólica" no es algo de lo que deba sentirse orgullosa porque no hay un verdadero equilibrio en su vida y afecta la calidad de ella.
Si usted no está satisfecha con la orientación que ha dado a su vida por su forma de asumir el trabajo, preste atención a estas recomendaciones: la ayudarán a recuperar o asumir las riendas de su vida:
-Defina un orden de lo verdaderamente importante en su vida.
-Procure dormir ocho horas al día y descansar lo suficiente. No hay manera de sustituir el sueño y el descanso perdido. El organismo, en algún momento, le pasará la "factura".
-Los "trabajólicos" se distinguen por saltarse las comidas. Aunque esté muy ajustada de tiempo en sus horas laborales, busque la forma de alimentarse bien. Por ejemplo, puede pedir que le lleven la comida a su oficina.
-Organícese: Planee sus días para cumplir con sus tareas una a una. No intente hacer todo a la vez porque no completará nada. Contemple siempre tiempo para imprevistos.
-Sea flexible: Reorganice sus prioridades según sea necesario. Tome lo inesperado como oportunidades de crecimiento.
-Sustituya: No asuma ninguna actividad nueva sin eliminar otra que le demande igual tiempo y energía.
-Vida familiar: Decídase a dedicar como mínimo un día a la semana estrictamente a la vida familiar y esfuércese por respetarlo.
-Relájese: Incluya el ejercicio dentro de su rutina diaria, así como ratos de esparcimiento y hasta de ocio.
-Recluya el trabajo: Oblíguese a no llevar trabajo a su casa. Si labora en casa, limítelo a un área determinada. Defina claramente las horas que dedicará al trabajo cada día y procure no excederlas.
Si su salud física y mental, o el bienestar de sus seres queridos no son suficientes razones para intentar un cambio en su ritmo de trabajo, entonces considérelo desde la óptica del trabajo mismo. No hay forma de que una persona agotada y metida tan de lleno en lo mismo, pueda rendir tan bien como alguien descansado y con una óptica integral en su vida.
Así es que, por más importante que sea lo que hace, centrar su vida en el trabajo no es sano. Trabaje para vivir y no viva para trabajar.