Con profunda tristeza he sabido acerca de la presión a que son sometidas muchas mujeres en sus trabajos cuando anuncian que están embarazadas.
En algunos casos son forzadas a renunciar y, si se niegan, sufren presiones y hostilidades para que trabajar se les convierta en un verdadero martirio y acaben marchándose.
No importa cuán eficientes y dedicadas hayan sido como trabajadoras, o cuánto tiempo hayan consagrado a una empresa, cuando informan de su embarazo muchas deben enfrentar un drástico cambio en la actitud de sus superiores o en el trato que recibían.
En el caso más leve, deben soportar indirectas o insinuaciones que intentan hacerles ver la "molestia" en la que se han convertido. Esto se agrava si hay alguna complicación y, además de los cuatro meses de ausencia que indica la ley, la mujer requiere incapacitarse por períodos adicionales.
A veces pensamos que si no se presentan denuncias significa que no existen estos casos, pero la realidad tristemente es otra. Algo tan sublime como el milagro de la vida se ha convertido para muchos en sinónimo de inconvenientes y de estorbo.
Debemos comprender que para una mujer embarazada tal situación es muy molesta y saber que puede provocarle trastornos a su salud y a la de su bebé. Su único interés es pasar ese "túnel" rápido y evitar estar expuesta a estresores tan negativos. Por ello muchas ceden a las presiones de sus jefes sin denunciar su situación porque al fin y al cabo, al menos podrán estar menos perturbadas que si continúan en sus puestos. Si exponen su caso a las autoridades, estarían sometidas a declaraciones, entrevistas y enfrentamientos que podrían costarle mucho más que lágrimas y tiempo. Ninguna madre amorosa desea correr riesgos.
Para peores, actualmente no hay un sistema que permita a un tercero, conocedor de algún caso, alertar a las autoridades. Debe ser la madre la que presente su queja en el Ministerio de Trabajo. Dadas las circunstan,ias, parece que estamos en una calle sin salida. La existencia de las leyes no garantiza su cumplimiento y, para estar a tono con la moda, impera la impunidad.
¡Qué gran hipocresía jactarnos de ser respetuosos de la vida humana!
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