Hace un tiempo recibí un emilio (e-mail) acerca de la imposibilidad física de la existencia de Santa.
Decía que, en 31 horas, Santa debería hacer 822,6 visitas por segundo, algo a todas luces imposible.
Es decir, en cada hogar cristiano con un niño bueno, Santa tiene una milésima de segundo para aparcar, salir del trineo, bajar por la chimenea, llenar los calcetines, repartir los regalos bajo el árbol, comerse lo que le hayan dejado, trepar otra vez por la chimenea, subir al trineo y marchar hacia la siguiente casa.
Esto da un recorrido total de 110 millones de Km. Se deduce de ello que el trineo se mueve a unos 1.000 kilómetros por segundo, es decir, 3.000 veces la velocidad del sonido...
Estaba meditando aún en estos y otros cálculos similares, cuando recibí otro emilio más interesante aún. Según este anónimo alegato, el análisis anterior presenta un fallo importante, puesto que no considera los fenómenos cuánticos.
"Se conoce con extrema precisión la velocidad terminal del reno a través del aire seco de diciembre sobre el hemisferio norte y, además, se conoce con tremenda precisión la masa de Santa y su trineo (cantidad y peso de regalos, etc.), así como la dirección y sentido del vuelo (este a oeste).
Todo lo anterior significa que se puede determinar con excelente precisión el vector del momento cinético de Santa y su cargamento.
Basta con aplicar el principio de incertidumbre de Heisenberg para saber que la posición de Santa, en cualquier momento de Nochebuena, es extremadamente imprecisa.
En otras palabras, está "difuminado" sobre la superficie de la Tierra, de forma análoga a como el electrón está difuminado a una cierta distancia del núcleo del átomo. Por tanto, literalmente, puede encontrarse en todas partes en un momento dado".
La moraleja de hoy es la importancia de una mente abierta y optimista. A los padres de familia nos preocupa lo difícil que resultará en el futuro explicar a los niños y niñas la existencia de ciertos "hechos" o personajes para nosotros bastante comunes, como la Segua, el Cadejos o, acorde con la fecha, Santa Claus. Pero con un poco de imaginación y mente positiva, podemos llenar de esperanza a nuestros seres queridos. ¡Feliz Navidad!