Vean un ejemplo tomado al azar. Si yo les digo que de acuerdo con una nota de Sciencedaily.com, científicos suizos están desarrollando un avión ultraligero que podría volar los cielos de Marte, aproximadamente dentro de una década, ustedes probablemente dirán "Interesante". Y, casi seguramente, seguirán con su búsqueda de noticias más estimulantes.
Ya comenzamos a ver como algo natural el hecho de que alguna vez, antes de que terminen nuestros días, seamos testigos de la llegada de un ser humano al planeta vecino.
Impresionante. Las noticias acerca de la exploración de Marte empiezan ya a embotar nuestra atención. Aunque no son "ruido cotidiano", están a punto de serlo. Eso es lo que me impresiona. No solo somos una especie capaz de poner naves en el espacio. Somos igualmente capaces de que eso nos importe un bledo.
Hasta la noticia de que hubo agua en Marte alguna vez, con todo lo que ello implica para la futura ciencia espacial, nos pareció bastante lógica y esperable. Tan esperable como la de que alguna vez no habrá agua potable en la Tierra. No nos importa mucho.
O tal vez sí nos importa. Tal vez el que no nos importe que haya existido agua en Marte es nuestra forma de decir: "¡Bonita cosa, aquí en la Tierra hay familias que con costo tienen un litro de agua a la semana y ustedes se gastan millones para ir a averiguar que allá tampoco hay agua!".
Las cosas de la vida: buscamos ir a vivir a un planeta sin agua porque sabemos que somos tan torpes que no hemos encontrado la forma de mantener potable la que aquí hay en abundancia. ¡Somos curiosos los primates!: Primero, no nos importa el desperdicio y, luego, olvidamos por qué no nos importa.
¿Qué buscamos en Marte? ¿Por qué nos parece tan atractivo ir a vivir a un polvoriento y desértico planeta sin agua ni árboles cuando aquí tenemos un edén espacial?
¿Saben cuánto cuesta cada misión espacial a Marte? No tengo idea. Pero cualquier plata es mucha para ir a buscar un lugar sin agua y pensar que es "la tapa" de los planetas.
Por cierto, Feliz Día Mundial del Agua. El lema de este año, "El agua y los desastres", supone un uso racional de los recursos como un todo, para evitar que el agua se convierta en un elemento de maldición, como lo ha sido ya en todo el mundo desde que nos dio por querer que este planeta se parezca a Marte.