SUS MIRADAS CAEN COMO un balde de agua fría: ni amor ni odio, solo indiferencia, y eso que es uno quien se toma la molestia de visitarlas.
Tras una hora en carro Ðdesde San José hasta Grecia por la carretera viejaÐ, el recibimiento de las inquilinas de El Mundo de las Serpientes carece en absoluto de emociones. Los nichos de exhibición forman un corredor al aire libre, con materiales preventivos como metal, candados, malla de acero y vidrio de varias pulgadas.
Una vez frente a las urnas, uno puede gritar o hacer muecas de espanto para llamar su atención, pero lo más llamativo en la relación entre humanos y serpientes es la incomunicación. Nosotros: mamíferos; ellas: reptiles.
Esa barrera biológica no planteó mayores contratiempos para que el austriaco Robert Meidinger fundara, hace dos años y medio, este serpentario rural que alberga unas 150 serpientes de 40 especies, entre nativas y foráneas.
"La culebra es el animal pero conocido del mundo. Sin embargo, se calcula que, solamente en Alemania, más de 100.000 personas tienen serpientes en la casa. Al final, allí es más fácil manejar a una serpiente que a un perro o un gato", comenta Meidinger, en buen español, al explicar su vocación por estos animales. "Nuestro principal objetivo es la exhibición de las serpientes y la información al público", añade.
Cueros al sol
Rodeado de árboles y vegetación, el corredor de la entrada no es ninguna pasarela de lujo, pero sirve como galería didáctica, donde Meidinger y su socio y colaborador, Marcel Goldmann, ofrecen charlas educativas en español, inglés y alemán. Allí se exhiben, en sus confortables microhábitat, micas, loras, cascabeles del desierto, iguanas, boas, corales y falsas corales. Elevados a varios centímetros del suelo, los nichos son ideales para llevar a los niños de edad escolar sin necesidad de alzarlos.
Sin embargo, no todo consiste en redimir la imagen pública de las serpientes. El proyecto del serpentario también incluye la reproducción en cautiverio de todas las especies que lo habitan, síntoma de buena salud entre ellas, según explica Meidinger.
"Con la reproducción y venta de estas crías, uno puede satisfacer el mercado que existe, para que la gente no vaya al bosque a recolectarlas", agrega. De este modo, si usted lo desea, ahí mismo puede hacerse de una boa bebé y un manual de instrucciones por solo ¢10.000. La venta de serpientes venenosas está restringida al mercado exterior.
En el corredor de salida, a diferencia de la entrada, cada exhibidor cuenta con una ficha descriptiva de la serpiente y sus principales datos Ðtodo muy científico y calculadoÐ para que el visitante vaya solo, sin necesidad de guía. Obviamente, ninguna tiene privilegios adicionales, ni distintivos cariñosos, como nombre o apodo. Eso también tiene una explicación para Meidinger: "Cuando uno está más o menos normal de su cabeza, no puede tener una relación sentimental con una serpiente, sobre todo porque a ella no le importa lo que uno siente".
Cómo, dónde, cuándo
¿Qué? El Mundo de las Serpientes (World of Snakes).
Características: Exhibición de 150 serpientes de 40 especies diferentes. Ofrecen charlas didácticas en español, inglés y alemán.
¿Dónde? De Grecia, 1 kilómetro hacia Alajuela, por la carretera vieja. Frente al aserradero El Poró.
Horario: De lunes a domingo, de 8 a. m. a 4 p. m.
Entrada: ¢1.300 (adultos) y ¢500 (niños). Incluye la charla.
Teléfono: 494-3700.
Correo electrónico:
snakes@sol.racsa.co.cr
Otros servicios: Venta de serpientes, venta de refrescos, servicios sanitarios y parqueo.