La palabra gazpacho, en uso coloquial, es sinónimo de mezcolanza, confusión o revoltijo. Y la reina de las sopas frías, denominada gazpacho, es justamente eso: una mezcla de tomate (la materia prima por excelencia de este plato), ajo, pan, pepino, chile dulce, aceite de oliva, vinagre y sal. Claro está, no hay una sola receta porque se realizan muchas combinaciones distintas de acuerdo con el gusto de cada quien.
En los últimos años, el gazpacho ha adquirido notoriedad debido al auge de la "dieta mediterránea". También han aumentado sus adeptos tras conocerse que es fuente de vitaminas, fibra vegetal, ácidos grasos poliinsaturados, sales minerales y glúcidos. Por tanto, se recomienda su ingesta a personas que enfrentan mucho estrés, están recuperándose de alguna enfermedad o quieren adelgazar.
Sea como plato principal como o entremés, esta sopa de origen español es una de las más universalmente conocidas. Extranjeros de muchos países la conocen, la ordenan en los restaurantes o la preparan en casa.
Su historia probablemente se remonta a la época de la colonia, cuando llegaron a España numerosos productos provenientes del Nuevo Mundo, antes desconocidos en Europa.
Es el caso del tomate, el chile pimiento, la papa, el cacao, el maíz, el aguacate y un largo etcétera.
Fue el cultivo del tomate -que para unos es fruta y para otros, verdura- el que desató la saga de platos típicamente andaluces, entre ellos este.
El gazpacho se hace en una especie de tazón grande de barro cocido, para conservar de este modo su frescura, y se sirve en otros tazones más pequeños del mismo material.
En sus inicios, se tomaba a sorbos, o usando el pan a modo de cuchara, porque la gente no llevaba cubiertos al campo.
Como ya se dijo, hay decenas de variantes de la receta, pero la base podría ser: en un recipiente triture dos chiles, unos cinco tomates pelados y sin semillas, pepino, cebolla, dos dientes de ajo, y miga del pan remojada en agua fría. Una vez triturado todo, se cuela, y a esto se añade un vaso de vinagre, dos cucharadas de aceite de oliva y una punta de cuchillo de pimienta, más sal al gusto.
Guarde en la nevera hasta que enfríe bastante y sirva con trozos de pan tostado y, si lo desea, con huevo duro en pedacitos.