Madrid . Madrid tuvo este miércoles un violento despertar al ser estremecido al amanecer por un nuevo atentado de ETA, que causó 10 heridos y cuantiosos daños materiales en pleno corazón de la capital española.
"Fue un despertar violento. Sentí una fuerte explosión y abandoné la cama. Miré por la ventana y ví en la calle agitación policial y bomberos corriendo", declaró a la AFP un nervioso turista norteamericano --identificado como Peter Carpentier--, que corría alarmado hacia el aeropuerto de Barajas tras dejar su hotel de la Gran Vía, en el centro neurálgico de Madrid.
El atentado, reivindicado por la organización separatista vasca armada ETA en un llamado telefónico a los bomberos 20 minutos antes de la deflagración, fue perpetrado a las 06H31 (04H31 GMT) con un carro-bomba instalado a escasos metros de la entrada principal de los almacenes Corte Inglés y de la FNAC, una tienda especializada en libros, discos y artrículos electrónicos.
Ambos negocios --uno frente al otro-- están ubicados en una calle peatonal, entre la Plaza Callao y la Puerta del Sol, una de las zonas de mayor afluencia de público, que a esa hora estaba prácticamente vacía.
Este ha sido el décimosexto atentado similar provocado por ETA en Madrid en los últimos 10 años, con un saldo de 25 muertos y 132 heridos. Hace cinco años, el 19 de junio de 1995, un comando de la organización separatista vasca armada había perpetrado un atentado en la misma zona, provocando la muerte de un policía.
Entre los heridos de este miércoles figuran dos mendigos que dormían en la calle, dos policías que habían sido alertados del atentado por sus superiores y otras cinco personas que se aproximaban a sus respectivos trabajos. Uno de los indigentes, un israelí de 52 años identificado como Saul Goloplat, se encontraba en grave estado, con fractura en la pelvis y diversas heridas de matralla.
Esencialmente, dijeron fuentes policiales, los otros nueve heridos resultaron levemente lesionados por vidrios o por restos de materiales que saltaron por los aires tras la explosión.
"El estallido fue muy fuerte. Lo sentí casi en mi cara", comentaba un camarero de un café céntrico, José Aranda, que no podía acercarse a su lugar de trabajo debido a que toda la zona estaba aislada, controlada por la policía.
Las fachadas de ambos negocios quedaron destruidas.
Restos de materiales colgaban como harapos en la planta baja de los dos edificios, mientras bomberos y equipos de socorro trabajaban en el lugar limpiando los escombros.
"[Fue horrible el ruido!", exclamaba una joven de la limpieza, María Quintana, que dice conocer bien los edificios de la zona, mientras se reponía de la impresión. "Había muy poca gente en las calles. Yo me acercaba a Plaza del Callao cuando sentí la explosión. Luego todo esto se llenó de policías y bomberos", añadió.
La normalidad volvía tres horas más tarde, cuando los jefes policiales aseguraban a los periodistas que no había "riesgos de algún otro coche-bomba" en el lugar.
El tránsito por la Gran Vía, una de las principales arterias de Madrid, era reabierto.
Los restos del coche bomba --un Renault 21 robado en febrero pasado en las afueras de Madrid-- eran sacados por una gigantesca grúa policial. Policías y bomberos abandonaban paulatinamente la zona, aunque la entrada a los dos negocios afectados seguía marcada por una banda policial prohibiendo el ingreso al público, que habitualmente en esta época busca los mejores saldos veraniegos.
"[Rebajas únicas!", anunciaba un cartel gigante instalados en la fachada del Corte Inglés.
Pero hoy había más curiosos que compradores.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, La Nación Digital. Fuente: agencias.