Contrariamente al mito de que la sociedad costarricense es de clase media, un estudio llevado a cabo por sociólogos del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica (UCR) encontró que, en realidad, la clase baja es la predominante.
También permitió observar una merma en la participación del Estado como empleador y una participación desigual en el ingreso económico y en cuanto al acceso al sistema de enseñanza entre los diferentes grupos sociales.
El análisis, denominado Cambios en la estructura de clases de Costa Rica a partir de 1987-1995, sacó a la luz una serie de tendencias que muestra la sociedad de nuestro país.
De acuerdo con el estudio, que se hizo con base en la información emanada por la Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples que elabora anualmente la Dirección General de Estadística y Censos, a pesar del histórico crecimiento de la clase media, la clase baja predomina en nuestro territorio.
Según los datos, en 1995 un 65,8 por ciento de la población ocupada pertenecía al estrato bajo y un 29,7 por ciento al medio. El porcentaje restante se clasificó como perteneciente a la clase alta.
Para la socióloga e investigadora Mylena Vega, este dato elimina un mito que se ha mantenido a lo largo de los años en Costa Rica, en el sentido de que la sociedad nacional es predominantemente de clase media.
Los autores del trabajo hicieron una definición de clases sociales. Los trabajadores manuales y aquellos que laboran por cuenta propia y no emplean mano de obra remunerada componen el estrato bajo. El medio lo forman profesionales, técnicos, medianos y pequeños propietarios; empresarios con no más de nueve empleados y funcionarios de cuello blanco, entre otros. Empresarios y profesionales empleadores con más de 10 trabajadores, así como ejecutivos integran la clase alta.
La investigación mostró también que en el periodo analizado, el porcentaje de ocupados que pertenecían a la clase baja descendió, mientras que la participación porcentual de la media experimentó un ascenso.
De acuerdo con el sociólogo Jorge Rovira, de la UCR, lo anterior es un indicador -de acuerdo con los postulados teóricos- de que la estructura social costarricense avanza, se moderniza y cada vez se parece más a la de sociedades desarrolladas.
El estudio, que estuvo a cargo de los investigadores Mylena Vega, Carlos Castro y Ana Lucía Gutiérrez, mostró -entre otras tendencias- una notaria pérdida de la importancia del Estado costarricense como empleador.
En 1987, el Estado empleaba al 54,1 de la población ocupada de la clase media, pero ese porcentaje se redujo en un 8,2 por ciento en 1995. Una situación similar se presentó con la baja, que tuvo un descenso, en ese periodo, de 7,7 puntos porcentuales.
La investigación desarrollada en la UCR también determinó el declive de las poblaciones campesina y obrera agrícola, que pertenecen al estrato bajo. La agricultura sufrió una pérdida de su relevancia en la economía de Costa Rica, pues la población ocupada en este rubro ahora es menor.
También demostró las desigualdades que existen en materia educativa y evidenció cómo la clase alta ha recurrido a la enseñanza para escalar posiciones, mientras que la baja tiene una pobre escolaridad.
Pero la desigualdad no solo se palpa en materia de instrucción, sino también en materia de ingresos, ya que si bien en 1995 todas las clases sociales sufrieron una reducción de sus ingresos, los más golpeados fueron aquellos que pertenecían a la clase inferior.