Buenos Aires. EFE. La compañía canadiense Cirque du Soleil comenzará esta semana su primera gira por Suramérica con la presentación de Saltimbanco , un show creado como un antídoto para la violencia imperante en estos tiempos.
"Saltimbanco no cuenta una historia lineal. Todo remite a un lenguaje simbólico y produce diferentes emociones", dijo el director artístico del espectáculo, Matthew Jessner, en una rueda de prensa en Buenos Aires, antes del estreno del miércoles en Santiago de Chile.
Tras el paso por México, la gira por Suramérica incluye, además de Chile, presentaciones en Buenos Aires (mayo), Sao Paulo (agosto) y Río de Janeiro (octubre).
Estrenado en 1992, Saltimbanco es el cuarto de la docena de espectáculos que el Cirque du Soleil creó desde que en el año 1982 el lanzallamas Guy Laliberté fundó la compañía en Québec (Canadá).
La obra, que según sus creadores ofrece una nueva visión de la vida urbana basada en el optimismo y la vida, es un verdadero caleidoscopio artístico que combina música y cantantes en vivo, payasos, bailarines y acróbatas que hacen alarde de su gran destreza física.
Reto. Ante la inminente experiencia de enfrentarse a un público hasta ahora desconocido, Jessner evitó demostrar la ansiedad típica de un estreno y, en cambio, prefirió destacar la importancia que tiene integrarse culturalmente con nueva gente para las 4.000 personas que integran la compañía.
"Esperamos recibir una reacción emocional de la audiencia. El público en Argentina, por ejemplo, tiene una gran sofisticación cultural y es analítico y crítico, pero esperamos una reacción emocional, una refinada percepción de lo que nosotros hacemos", dijo Jessner.
El Cirque du Soleil cuenta con diez grupos itinerantes y dos estables, en la ciudad de Las Vegas y Orlando (Estados Unidos), cuyos espectáculos han sido vistos por siete millones de personas en el 2005.
"No hay un secreto para el éxito del Cirque du Soleil. Solo total dedicación, pasión y talento. No hay una fórmula, sino la esencia misma de lo que hacemos y ofrecemos, que no es un producto sino una experiencia", señaló Matthew Jessner.
En el caso Saltimbanco se trata de un verdadero pueblo en constante viaje: un equipo de 125 personas, 50 de ellas artistas, de quince nacionalidades diferentes, que se mueven de una ciudad a otra con una carga de 57 contenedores en los que transportan toda su parafernalia circense, incluida una carpa de 10.000 metros cuadrados.
El equipo lleva hasta maestras de nivel básico para acompañar la educación de los niños que participan en el espectáculo.