Taipei. El cine taiwanés, encabezado por Ang Lee, cuya película Tigre y Dragón ganó cuatro Oscar en 2001, regresó este año al realismo social para exponer una sociedad que se devora a si misma en su propio desarrollo.
El Foro Nueva Ola Asiática 2002, que cumplió el lunes su tercera jornada, ofrece una excelente muestra de las preocupaciones de los cineastas taiwaneses, en donde trasciende la búsqueda para recobrar la identidad en una isla cibernética y empresarial.
Si Ang Lee rompió con el tabú de la homosexualidad en su Banquete de bodas (Oso de Oro de Berlín en 1993), Lin Cheng-sheng mostró siete años más tarde en La belleza del buyo las miles de adolescentes que, casi desnudas, venden hojas de coca.
En estos días, El mejor de los tiempos (2002) expone, a través del ojo de Chang Tso-chi, la marginalidad de los arrabales de la pudiente Taipei, donde no reina el hambre pero sí la angustia y la violencia.
Pero, quizás, es Alex Yang, un director novel, quien lanza el más demoledor ataque a una sociedad orgullosa de su "milagro económico" y de su acelerado desarrollo económico y democratización, con El gatillo (2002).
En esta trepidante y abigarrada película desfila el mundo de la mafia taiwanesa, los asesinatos políticos y el desarraigo de una nueva generación que ha perdido a Confucio y Buda, y con ellos todos los límites morales.
El asesinato sin sentido, la crítica despiadada del sistema político y la corrupción del sistema judicial se entremezclan en una historia que explora una historia de amor juvenil, con una mentalidad muy alejada de la de los forjadores del milagro económico de Taiwán en las décadas de los años setenta y ochenta.
"Uno de mis estudiantes fue brutalmente golpeado sin motivo aparente a la salida de una sala de fiestas, y murió, ese es el desencadenante de este filme", explicó Alex Yang.