Ocupaba la mayor parte de su tiempo pensando. Sus reflexiones sobre Dios, el amor o el significado de la vida animan muchos aspectos de nuestra vida. Cincuenta años después de su muerte (el 18 de abril de 1955), su mata de pelo canosa y gigantescos bigotes aún simbolizan a un genio. ¿Quién más podría ser sino Albert Einstein?
Einstein continúa siendo el científico más eminente de la era moderna. De hecho, en los 2.400 años de la humanidad, sólo Newton, Galileo y Aristóteles podrían ser considerados como sus iguales.
En todo el mundo, las universidades y las academias de ciencia están celebrando el aniversario número cien del año milagroso de Einstein, cuando publicó cinco trabajos científicos en 1905 que cambiaron de forma fundamental nuestro concepto del espacio, del tiempo, de la luz y de la materia. Sólo él podía superar dicha hazaña. Lo hizo 10 años después, cuando publicó su teoría de la relatividad.
Nacido en la época donde los caballos aún remolcaban los carruajes, sus ideas lanzaron una increíble revolución tecnológica que provocó más cambios en un siglo que en los últimos dos milenios.
Los computadores, los satélites, los lásers, la televisión y la energía nuclear son producto de los pensamientos y teorías de Einstein, ya que gracias a él, los eventuales creadores de estos artefactos entendieron la complejidad por la que se regían el universo y la Tierra.
Asimismo, él lanzó una búsqueda intelectual para hallar una sola ley coherente que gobierna el universo. Einstein dijo que una súper teoría unificada de todo, que aún nadie ha escrito, nos permitiría leer la mente de Dios.
Somos una raza diferente de personas a la que existía hace un siglo, dijo el astrofísico Michael Shara, del Museo de Historia Natural de Estados Unidos, completamente diferentes, debido a Einstein.
Sin embargo, Einstein es algo más que un simple genio y su figura es hoy día un ícono de la cultura moderna.
Escapó de la Alemania de Hitler y su vida entera la dedicó a causas pacíficas y humanitarias. Lo hizo con una autoridad que no ha podido ser igualada por ningún científico de la actualidad, ni siquiera la mayoría de los políticos o líderes religiosos.
Utilizó su popularidad para pronunciarse contra el fascismo, los prejuicios raciales y las audiencias del senador McCarthy, en la caza de brujas de comunistas en Estados Unidos. El archivo del FBI sobre él sumaba hasta 1.400 páginas.
Sus cartas revelan una turbulenta vida personal. Se casó dos veces y fue muy indiferente con sus hijos mientras trabajaba obsesionadamente en la física. Solía agradar a amantes y admiradoras con poemas y paseos al mar. Sus amigos y vecinos siempre protegieron con mucho recelo su privacidad.
Y sí, era excéntrico. Una de sus fotos más famosas lo muestra sacándole la lengua a los fotógrafos. Los caricaturistas lo adoraban.
Nunca aprendió a conducir. Caminaba a su casa desde su oficina en la Universidad de Princeton, sin calcetines y absorto en sus pensamientos, permitiendo que la punta de su sombrilla golpeara las rejas de algunas casas. Si no golpeaba una de las barras, se devolvía al comienzo de la cerca y volvía a hacerlo.
En esos momentos de soledad, Einstein mostraba de forma inconsciente una intensa concentración, su desdén por la moda y lo juguetón que era. Estas particularidades le permitían salir al paso cuando era interrumpido por presidentes o transeúntes para hablar sobre el universo.
Genio y figura, Einstein dejó entrever en una carta a una de sus múltiples amantes una parte melancólica de su ser: Los físicos creen que soy un matemático, y los matemáticos creen que soy un físico. Soy un hombre totalmente aislado y aunque todo el mundo me conoce, hay muy pocas personas que verdaderamente me conocen.
AP-NY-04-17-05 0936EDT