Prefiere los parques de árboles a los de cemento, no se deja deslumbrar por los avances tecnológicos y goza de gran prestigio como arquitecto, tanto, que lo nombraron miembro del jurado del Premio Pritzker. Este es, quizá, el máximo reconocimiento que pueden obtener los de su profesión.
Nacido en San José hace 41 años, Carlos Jiménez vivió parte de su infancia en Orotina y el resto en Curridabat. A los 15 años partió a Estados Unidos para estudiar arquitectura y luego fundó su propio estudio en Houston, Texas.
Entre los proyectos que ha realizado figuran importantes edificios, como el Museo de Bellas Artes de Houston y la Galería Lynn Goode. También ha recibido numerosos premios, escribió dos libros, ha efectuado varias exposiciones y es catedrático en la Universidad de Race.
Su designación como juez del Pritzker surgió tras un encuentro con Bill Lacy, director ejecutivo del la fundación que otorga el premio, y James Carter, presidente del jurado. Según Jiménez, él se encargo de montar una exhibición sobre el premio en el Instituto de Arte de Chicago: Carter y Lacy quedaron tan satisfechos con los resultados, que lo invitaron a integrar el jurado del Pritzker a partir de su próxima edición.
Como primera experiencia, Jiménez asistió en mayo a la entrega del galardón correspondiente al año 2000, en Jerusalén. Por la vía del correo electrónico, el arquitecto conversó con Viva desde Estados Unidos.
En cierta ocasión, usted dijo que le debe a Costa Rica todo lo que es como arquitecto. ¿A qué se debe tal afirmación si ha desarrollado su carrera en Estados Unidos?
Para mí, la arquitectura es una forma de conectarme con el mundo y sus interminables maravillas. El haber nacido en Costa Rica ha sido fundamental en mi entendimiento de la naturaleza ya que es un país con grandes bellezas.
"Un arquitecto debe desarrollar sus sensibilidades bajo la tutela de esa mágica sabiduría que la naturaleza despliega. Yo, a pesar de vivir lejos del país, me siento muy agradecido de estas lecciones que aprendí desde niño.
Sin embargo, se dice que los arquitectos tratan de competir con la naturaleza. ¿Qué opina al respecto?
Sé que algunos arquitectos lo practican como dieta diaria, o en ocasiones. De alguna forma, todos participamos en eso, pero la naturaleza nos enseña que es absurdo competir con ella: es mejor aprender a escuchar sus mensajes.
¿Influye el recuerdo del paisaje costarricense en su forma de hacer arquitectura?
Siempre me ayuda a recordar que la naturaleza lo abarca todo, lo consume todo. Me emociona ver cómo la arquitectura se enlaza con su entorno de una forma casi inevitable.
"Cualquier trabajo de arquitectura impone un enfrentamiento violento dentro de un paisaje natural o artificial, pero ese enfrentamiento debe conducir a un equilibrio.
¿Cuál es la mayor ventaja con la que cuenta en Estados Unidos para trabajar?
La disposición de los medios de producción, los cuales están muy avanzados; también, el renacimiento de un deseo cultural hacia la arquitectura, un conocimiento de lo que esta aporta al bienestar de las ciudades.
"Creo que el país empieza a sentir el peso del desperdicio ambiental, consecuencia de ese afán de expandirse sin límites. La arquitectura, a través de sus valores humanos y de su deseo a contribuir al futuro, adquiere más urgencia en el contexto contemporáneo.
¿Cómo valora su experiencia en Jerusalén, en la reciente entrega del Pritzker?
Mi corta pero intensa estadía en Jerusalén estuvo repleta de momentos muy gratos, y la entrega del premio fue inolvidable. Caminar por Jerusalén y respirar la brisa de su incomparable historia es sumamente conmovedor.
"Todo esto se resumió para mí en una visita al Santo Sepulcro, donde se entiende de inmediato la fuerza de la fe y su herencia física y espiritual, manifestada en aquel lugar a través de una bella y turbulenta arquitectura.
El ganador del premio, Rem Koolhaas, alabó las posibilidades que la realidad virtual ofrece a la arquitectura. ¿Lo seducen igualmente a usted las facilidades tecnológicas?
No, reservo ciertas dudas al respecto, y me parece que la computadora está sobrevalorada. A través de ella se han introducido maravillas a nuestra vida contemporánea, pero no hay que olvidar que simplemente es un objeto para facilitar las cosas.
"Me interesa muy poco cómo se llegue a producir la arquitectura, ya sea con lápiz y papel o a través del más sofisticado ordenador: lo importante es que, en su realización y presencia, la arquitectura sea capaz de desatar su mundo sensual, práctico y emotivo.
De las obras que ha tenido a su cargo, ¿cuál ha representado un mayor reto para usted?
La última obra es siempre el mayor reto porque se dispone de más experiencia y crea más expectativa, lo cual siempre demanda más del arquitecto. El reto es aceptar y transformar las limitaciones que invaden nuestra desafiante y humilde profesión, con el afán de realizar un mundo mejor.
¿Cuál considera la principal maravilla del mundo en materia de arquitectura?
Son varias y me es difícil escoger. Lo que las une a todas es precisamente su capacidad de deslumbrar a través de una simplicidad lírica.
"Considero una maravilla de la arquitectura una ruina ancestral y anónima en un esquina del Mediterráneo, así como el Museo Kimball, de Louis Kahn (en Fort Worth, Texas); el convento de las Capuchinas, de Luis Barragán (en México), y las bodegas de vino de Herzog y de Meuron en el valle de Napa (Estados Unidos).