por Alberto Cabezas
México, 21 ago (EFE).- La popularización de las páginas de contenido sexual en internet ha convertido en algo común el "sexo sin contacto" y podría obligar muy pronto a que las sociedades redefinan su noción de censura, explicó un experto en pornografía.
El periodista mexicano Naief Yehya explicó a EFE que en menos de una década la red ha modificado el ejercicio de la sexualidad en millones de personas, convertido en práctica común la masturbación y facilitado la proliferación de grupos con gustos sexuales afines pero minoritarios como el "snuff" o el "pony-porno".
Afincado en EEUU, Yehya, también crítico de cine, acaba de publicar el libro "Pornografía: sexo mediatizado y pánico moral" (Plaza y Janés, 2004), una historia crítica de la pornografía en la que reflexiona, entre otras cosas, sobre el futuro de ésta en internet.
Yehya recordó que antiguamente el arte erótico "estaba encerrado en los espacios de la alta burguesía y la gente no tenía acceso a ello", pero hoy está plenamente integrada en nuestras vidas.
"La pornografía surge como cultura cuando, aterrorizados por la idea de que el pueblo iba a adquirir este conocimiento, se desata el pánico moral: va a destruir a la sociedad, va a acabar con nosotros. (La pornografía) es producto de la tecnología también", indicó.
Si en el siglo XV la imprenta sirvió primero para publicar biblias, poco después se imprimieron "libros libertinos, con estampas", que con el tiempo y el abaratamiento de los costes de impresión fueron pasando a las clases más bajas.
El florecimiento pornográfico llegó con la Revolución Francesa, afirma Yehya, cuando "se representaba al rey, a la reina, al clero, en situaciones sexuales, siendo sodomizados, felando animales y defecando en público", con la idea de humillar a esos personajes poderosos.
Poco después la intención política de la pornografía se fue perdiendo y se empezó a explotar únicamente la vertiente sexual.
La gran crisis de la pornografía llegó a partir de 1995 cuando internet rompe fronteras y el mundo de la comunicación se transforma, recuerda Yehya.
Afloraron las "filias", grupos con tendencias sexuales minoritarias que, si antes creían inconfesables sus aficiones, ahora encuentran con ayuda de internet a personas que comparten los mismos gustos que ellos.
"Es muy prometedor pero tiene un castigo implícito al saber que tus pasos en internet van dibujando tu historial personal, vas recorriendo tu diario erótico", relata el escritor, quien advierte que los riesgos de "estigmatización" y "destrucción social" persisten si alguien da con el rastro de un cibernauta.
"Este es un nuevo espacio de pánico moral, globalizado, enorme, que nos va a llevar obviamente a una gran cruda (resaca) planetaria de la pornografía en el sentido de que va a haber que buscar cómo recensurar y volver a empezar", añadió.
Para Yehya la primera gran aportación de internet a la sexualidad ha sido el "sexo sin contacto", que permite "recluirnos en la intimidad y no por ello perder los espacios sexuales".
El escritor considera que igual que la pornografía ha aprovechado internet, este medio se ha servido del porno para atraer un público que quiere "representaciones sexuales más abundantes, más baratas y más extremas".
Para Yehya la red es hoy un "espacio maravilloso, interactivo", un aspecto en el que supera a la televisión y la fotografía, que vive de ofrecer a millones de cibernautas una promesa sexual idílica, un más allá que apunta a que lo que viene "es más grueso (impactante)".
Internet se ha convertido en el medio más prometedor para la pornografía, añade, lo que conlleva una sexualidad física más al límite, más exigente y con nuevos estándares, especialmente entre los jóvenes, añade.
"No piden, no quieren tener sexo porque están satisfechos en permanencia con sus monitores. La masturbación se ha multiplicado y ha multiplicado sus espacios. Cada vez está más metida (en la sociedad) y es más aceptada", añadió.
El experto en pornografía, especialmente cine de este género, no descarta que los nuevos usos sexuales se vayan convirtiendo en parte de la cultura y que aumente la tolerancia hacia ellos.
Ejemplo de lo anterior es el comportamiento de los "swingers", cuya cultura es "no sólo compartir parejas y tener sexo en grupo, sino filmarlo y luego compartirlo a través de internet con todo el planeta". EFE
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