Podría haber sido una tarde de abril del año 1980 cuando, alrededor de un tornamesa, tres de los bisoños productores que Haydeé de Lev tenía en el equipo de Radio Nacional: Emiliano Arriaga, Bernal Monestel y quien escribe esta historia, escuchamos por primera vez a Irakere.
El objeto de nuestro asombro era el Habana Jam, un disco que reunía a músicos estadounidenses y a cubanos de la isla.
Existía una razón musical que nos tenía perplejos y que le otorgaba a ese instante político una dimensión exquisitamente artística.
Casi 20 años después de aquel primer encuentro, estoy frente a Chucho Valdés, un hombre con una trayectoria tan grande como su estatura corporal.
Valdés es el director de una de las formaciones musicales más relevantes en la historia del jazz moderno y creador de un método de técnica pianística.
Con el grupo Irakere ganó un Grammy y actualmente tiene un contrato con el sello Blue Note con el que lleva tres discos grabados.
Ahora, frente a mí, en sus ojos brillan luces de orgullo cuando hablamos sobre aquel Habana Jam.
Los gigantes se reúnen
"La culpa de todo la tuvo la CBS -empieza por contarnos este señor pianista-: con este sello tuvimos una gran relación profesional, pues en el año 78 nos había grabado el primer álbum y un año después produjo el Habana Jam."
Me recuerda algunos de los nombres de los artistas estadounidenses que estuvieron presentes en ese encuentro y trato de imaginar los momentos de febril improvisación que de deben haber vivido junto a Weather Report, Jaco Pastorius, Wayne Shorter, el Big Band All Star CBS, Stan Getz, Dexter Gordon, Tony Williams y John McLaughling, entre otros.
"Luego salimos de la isla e hicimos una gira de dos meses por los Estados Unidos con estos monstruos y se quedaron como locos por allá", cuenta Chucho.
Este cubano no muestra ninguna falsa modestia al reconocer que Irakere ha sido muy importante en la formación de un público permanente no latino.
Los cambios en las relaciones políticas originaron una distancia. Luego, en el 78, regresaron a los Estados Unidos y finalmente en los 90, se estableció un intercambio regular entre artistas de ambos lados.
"A partir de ahora, cuando no estoy en Cuba estoy en Estados Unidos. Llevo tres años consecutivos de ser candidato a los premios Grammy, y algo que me causa gran satisfacción es pertenecer a la orquesta del Lincoln Center que dirige Wynton Marsalis."
Ellingtonía
Una de las figuras emblemáticas del jazz es Duke Ellington, quien durante su extensa carrera surcó buena parte de la historia de la música afroamericana enriqueciéndola siempre con nuevas ideas, fruto de una inagotable creatividad. Lo mismo se puede decir de Chucho, quien no vacila en hacer un gesto de admiración hacia uno de sus principales maestros.
"Como parte de mi formación musical, yo he estudiado mucho a Ellington. Como pianista, como arreglista, como compositor y director. Su obra es para siempre. Fue un genio."
De aquel Irakere de entonces al que nos visitó en estos días el cambio es total. En el primer grupo sobresalió el trabajo individual.
El nivel de virtuosismo era tal que, en muchos momentos, uno tenía la sensación de ser espectador en el rompimiento de un récord olímpico. Fue, de hecho, una faceta que le proporcionó al grupo notoriedad mundial y le permitió ser considerado el responsable en la transformación del jazz latino. En 1980 ganaron el Grammy y su presencia en todos los festivales importantes de jazz fue obligatoria.
Orígenes
Pero, ¿de dónde salieron estos músicos? La vivacidad y energía de su música no correspondía a una gente que la otra gente, la del "mundo libre", consideraba insólita en un país que se movía bajo la égida del sistema comunista. La admiración se vivió por igual en cualquier punto del planeta por donde la descarga cubana pasaba.
Chucho se remonta en la historia y recuerda el Quinteto Instrumental de Música Moderna Cubana que, tras la revolución, se transformaría en la Orquesta Cubana de Música Moderna, de la que surgió el espléndido Quinteto Cubano de Jazz integrado por él mismo, el saxofonista y clarinetista Paquito D'Rivera, el percusionista óscar Valdés, el bajista Carlos Emilio y el baterista Enrique Plá. La base del primer Irakere.
"La estructura del actual grupo está organizada en función del ensamble. Yo me decidí a fortalecer el concepto de banda. Escribí cosas para todo el mundo. O sea que el grupo por un lado perdió, pero por el otro ganó, porque finalmente encontré el balance entre el solista y la colectividad". Ellington también lo había logrado.
Rango cubano
En este mismo instante que usted está leyendo mi artículo, en algún rincón del mundo, y aquí en nuestro país alguien está escuchando algo cubano. Desde los sones sencillos de Compay Segundo hasta las asombrosas ejecuciones al piano de Gonzalo Rubalcaba, pasando por los sabrosos desplantes de la orquesta Los Van Van, la música cubana está ocupando el primer plano.
"Se han abierto muchas escuelas de música en Cuba. Viene mucha gente de todo el mundo a estudiar nuestra música y nuestros profesores a cada rato van a dar clases fuera de la isla", apunta Chucho.
Siendo un pianista con un impresionante nivel de improvisación, Chucho Valdés reconoce: " La técnica clásica te ayuda a que todas las cosas que tú piensas te salgan. Es lo que te da el dominio del instrumento. Todo lo que a mí se me ocurre lo puedo lograr a través de ella."
El jazz es música para que la imaginación vuele y, en el jazz actual, los terrenos de lo permisible son vastos; sin embargo, Chucho Valdés sentencia que este género nunca va a ser popular: " El día que eso suceda será que entonces el público habrá ganado tanto en cultura como para entender masivamente esta música. Porque esta es una música para entenderla, para analizarla. Inclusive, como decimos nosotros, para vacilarla porque uno goza viendo a los otros músicos haciendo las cosas."